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En una montaña localizada en el corazón del Ártico, cerca de Longyearbyen, en el archipiélago noruego de Svalbard, la humanidad guarda un seguro de vida contra los peligros que acechan a la biodiversidad.

Se trata de un ‘Arca de Noé vegetal’, una bóveda donde 35 bancos genéticos regionales e internacionales preservan más de 60,000 muestras de semillas de plantas capaces de alimentar a la creciente población mundial en caso de desarreglo climático.

“A medida que el ritmo del cambio climático y que la pérdida de la biodiversidad aumentan, emerge una nueva urgencia en los esfuerzos para salvar los cultivos amenazados de extinción”, declaró Stefan Schmitz, director de la fundación Crop Trust, uno de los socios del proyecto.

El ‘Arca’ abrió sus puertas este 25 de febrero para recibir un lote de nuevas simientes que incluyen cultivos como las papas de los Andes, trigo y arroz, aunque también variedades menos corrientes como el manzano silvestre de Europa.

Entre los donantes aparecen la nación Cherokee, que aportaron semillas de alubias, calabazas y maíz de tipo Águila Blanca, la variedad más preciada para los primeros indígenas de América.

También el príncipe Carlos envió 27 semillas de plantas silvestres, como primaveras y orquídeas, provenientes de su residencia campestre en Highgrove.

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Un millón de variedades 

Con el cargamento de este martes el ‘Arca’ almacena 1,05 millones de variedades a una temperatura de -18º C en tres galerías subterráneas capaces de conservar hasta 4,5 millones de semillas. De no ser por la monumental entrada, nada indicaría que en este sitio hay una bóveda tan vital para la humanidad. 

Los nuevos granos, procedentes de instituciones de Brasil, Estados Unidos, Alemania, Marruecos, Mali, Israel o Mongolia, incluyen lo mismo especies corrientes que variedades más raras y menos utilizadas.

Lograr dos o tres millones de muestras “sería una buena cosa para mejorar la seguridad del futuro alimentario del hombre”, explicó a la AFP Stefan Schmitz, abrigado para resistir las temperaturas bajo cero de Longyearbyen. 

El ‘Arca’, también conocida como ‘bóveda del juicio final’, se creó en 2008 gracias al financiamiento de Noruega y pretende ser un salvavidas frente a las catástrofes naturales, la guerra, el calentamiento global, las enfermedades o el impacto negativo de las actividades humanas.

La utilidad del ‘Arca’ quedó demostrada en 2015. Durante el conflicto sirio el banco de genes de la ciudad de Alepo fue destruido pero investigadores pudieron recuperar las semillas desaparecidas gracias a que se habían almacenado algunas muestras en Svalbard.

Pero la ‘caja fuerte’ cercana al Polo Norte también ha sufrido por el cambio climático. Hace apenas unos años, en 2016, ocurrió una filtración de agua en el túnel de entrada. ¿La causa? Las temperaturas elevadas hicieron que parte del permafrost no estuviera suficientemente congelada.

Después del incidente Noruega invirtió 20 millones de euros para construir un nuevo túnel de acceso previendo un ambiente más cálido y húmedo ya que, según los científicos, el Ártico se calienta dos veces más que el resto del planeta.

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