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Por: Álvaro Bonilla*

Cuentan que fue un error en su comunicación lo que hizo que Winston Churchill perdiera penosamente las elecciones generales en Reino Unido, después de haber liderado la guerra contra Hitler en 1945. Hoy eso es crucial. Cualquier gesto, por mínimo que parezca, o cualquier detalle que pueda pasar desapercibido en el momento que ocurre, puede alcanzar niveles insospechados en el momento que es compartido en las redes sociales.

La comunicación hablada y corporal es susceptible de aprenderse, a través de la toma de conciencia sobre lo que se está transmitiendo y la práctica de técnicas específicas para corregir errores de expresión y enriquecer la expresión personal. De manera natural, los políticos son poco expresivos y carismáticos; por ello, deben aprender a comunicar de forma persuasiva; un buen entrenamiento en dinámicas de oratoria persuasiva y comunicación no verbal puede definir la percepción pública de su visión y resultados como gobernantes.

Personalidades como Barack Obama, así como Bill y Hillary Clinton, han sido entrenados para comunicarse de forma emotiva y cercana a su base electoral. Ella debió acercarse a su electorado mostrando una imagen más política y menos familiar: cuando era primera dama era más comedida y reservada, que cuando fue senadora y candidata a la presidencia.

El caso de Hillary es un ejemplo de cómo en ocasiones el coaching en comunicación no verbal puede causar la impresión de estar viendo una actuación, algo poco natural. No necesitamos candidatos perfectos, sino que sean genuinos. Barack Obama, junto con Bill Clinton, son ejemplos de una comunicación técnica y clara, que permite que el cuerpo transmita un mensaje coherente con sus discursos. No son perfectos, y en esa imperfección es que logran conectar.

El entrenamiento busca crear armonía entre la imagen del político, así como su mensaje y público objetivo. A partir de allí, el coach diagnostica los fallos existentes en la comunicación, a la vez que los corrige mediante ejercicios y entrenamiento práctico, ante cámaras y grupos focales, de tal manera que se logre encontrar naturalidad, coherencia y credibilidad en el mensaje. Este entrenamiento se debe extender a lo largo de la campaña y el periodo de mandato, pues la imagen coherente debe permear todas las comunicaciones visuales: campañas, debates, encuentros con la prensa y eventos públicos.

Al preparar a una figura pública, se debe tener claro cuál es el público que mejor responderá a lo que tiene que decir y qué tan creíble resulta para ese grupo de personas. El mensaje debe ser específico, pero hablar a un sector de la población también debe atraer a públicos diferentes. Una vez establecido esto, es preciso trabajar para que la comunicación no verbal sea congruente con lo que desea transmitir, no como ocurre con Donald Trump, quien resulta invasivo, dominante y poco consistente, aunque sus palabras muestren seguridad. Algo similar ocurre con Mariano Rajoy, quien no logra transmitir congruencia ni seguridad en su mensaje.

El objetivo de la preparación es lograr que el personaje público se muestre con mayor autenticidad, porque es ésa la manera en que emerge su lado más carismático y persuasivo, además de que le permite conectarse profundamente con su audiencia y con sus necesidades. Por ejemplo, hay personas que comunican emociones más cercanas a la protección y al cuidado, como Justin Trudeau, quien muestra sus emociones y conecta con niños, refugiados o comunidades discriminadas. Otros, como Obama, transmiten optimismo o comunican la capacidad de sobreponerse a la adversidad, como Nelson Mandela.

El político debe tener claro, emocionalmente, lo que dirá en un discurso, para que sus movimientos no sean calculados, sino que emerjan naturalmente, como signos de puntuación corporales. Esto es fundamental para que el político pueda adaptarse a lo imprevisto, como cuando a Putin le ofrecieron un cachorro y él lo abrazó y besó. La espontaneidad es el espacio donde sale el ser humano detrás de la figura pública, la persona que se sorprende, que se asusta, que puede ser tierna, vulnerable o simplemente que se puede reír de sí misma.

*Álvaro Bonilla es psicólogo, experto en comunicación no verbal y liderazgo personal.

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