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Por Gabriel Pérez Díaz

Todos hemos ido a bordo de un automóvil circulando en un camino despejado cuando, de un momento a otro, nos vemos obligados a disminuir la velocidad hasta quedar totalmente detenidos en un atasco que ocupa todos los carriles de la vía, el cual puede durar unos minutos o inclusive horas.

Lo curioso de la situación es que, llegado un punto, todo comienza a fluir con normalidad y, por más que busquemos el accidente o la causa de la detención, en el lugar no ha pasado absolutamente nada.

Estos embotellamientos son conocidos como ‘atascos fantasma’ y, de acuerdo con diversos estudios, estas aglomeraciones se formarán inevitablemente, aunque la caravana esté compuesta por los más experimentados pilotos al volante.

La explicación dada a conocer por la física Laurie Winkless en su libro Ciencia en la ciudad, es muy sencilla y contundente: nos cuesta mucho trabajo mantener una velocidad constante al momento de manejar.

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Para llegar a esta conclusión, trabajó en colaboración con un grupo de investigadores japoneses pertenecientes a la Mathematical Society of Traffic Flow, en donde pidieron a 22 conductores que circularan a una velocidad constante de 30 kilómetros por hora en un circuito donde no tendrían obstáculo alguno.

Sorprendente, y en un periodo corto de tiempo, el tráfico no tardó en aparecer e incluso algunos conductores quedaron totalmente detenidos.

De esta manera, los especialistas determinaron que el ser humano mantiene una velocidad basada en ‘frenazos’ pues, al momento que se dan cuenta que han excedido la velocidad permitida -sea por impaciencia, despiste después de mirar un cartel o el celular-, frenan para compensar el aumento.

A consecuencia de esto, el vehículo de atrás se verá obligado a replicar la acción que se propagará a los demás conductores como una ola, provocando que finalmente los coches queden parados.

Las hormigas deberían ser un ejemplo para el ser humano

Asimismo, en la misma línea de investigación, los especialistas concluyeron que este no es un fenómeno exclusivo de la vialidad, pues pasa exactamente lo mismo con los trenes e incluso cuando las personas andan por la calle o hacen fila.

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Sin embargo, sí que existe una excepción: las filas de hormigas. Cuando se observa la movilidad o desplazamiento de estos pequeños insectos, se pueden ver filas perfectamente estructuradas y fluidas, en donde solamente frenan se frenan cuando existe un motivo real para hacerlo, como la caída de un objeto extraño en su camino.

La explicación más aceptada de por qué en la circulación de estos insectos no se da este fenómeno, es la amplia distancia de seguridad que mantienen unas con otras, teniendo más tiempo para reaccionar ante futuros incidentes, por lo que es menos probable que se detengan bruscamente.

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