pato ginecologico
La ansiedad y los temores a veces surgen en las pacientes que se someten a un examen pélvico. (Foto: iStock)

Tuvo que pasar más de siglo y medio para que diera un giro de 180 grados el concepto de examen pélvico y espéculo (o ‘pato’ como es conocido comúnmente), herramienta diseñada en 1845 por James Marion Sims, médico estadounidense considerado el padre de la ginecología moderna.

Su reputación como genio de la cirugía es indiscutible, ya que fue el primer médico en el mundo en desarrollar una operación exitosa de la fístula vesicovaginal, una complicación frecuentemente asociada con el parto, que provoca incontinencia urinaria.

Sin embargo, Sims ha sido muy cuestionado porque para conseguir estas proezas médicas practicó procedimientos y cirugías en mujeres afroestadounidenses sin su consentimiento total, ya que en aquellas épocas no era necesario que lo dieran, pues el sistema político de aquel país las consideraba esclavas.

Este trasfondo de cosificación de las mujeres en aras del avance de la medicina, es lo que a partir del siglo XXI se ha querido erradicar de raíz, y los resultados son tangibles inclusive en artículos científicos que formalmente abordan el tema.

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Las 10 cosas que debe considerar el ginecólogo

Tal es el caso de The Challenging Pelvic Examination, estudio publicado en Journal of General Internal Medicine, de editorial Springer, por Carol K. Bates, Nina Carroll y Jennifer Potter, investigadoras del Centro Médico Beth Israel Deaconess, en Boston, Massachusetts.

En dicho texto se lee lo siguiente: “El examen pélvico puede ser un desafío doble tanto para médicos como para pacientes. Nos esforzamos por proporcionar no solo una evaluación basada en la evidencia de cada componente del examen pélvico, sino también recomendaciones para mejorar tanto la habilidad técnica de los médicos como la aceptación y comodidad de diversas poblaciones de pacientes”.

Además, establece un decálogo que sitúa en primer lugar la dignidad de las mujeres más allá de la eficiencia médica durante los procedimientos ginecológicos, lo cual implica un giro de 180 grados en relación con lo hecho por Sims en el siglo XIX.

El decálogo está dirigido principalmente a médicos que tratan a pacientes con malas experiencias previas en exámenes ginecológicos y dice lo siguiente:

1. Ofrecer a la paciente la opción de asesoramiento sobre salud mental.
2. Reconocer que los exámenes pélvicos pueden ser difíciles y provocar ansiedad.
3. Respetar la decisión de la paciente de preferir una ginecóloga, ya que la ansiedad puede ser mayor con un examinador masculino.
4. Ofrecer solamente una consulta en la primera visita, a menos que la paciente elija someterse al examen el mismo día.
5. Dar la posibilidad de tener a un amigo, familiar, pareja o tratante de elección de la paciente presente en la sala de exploración; ella también puede traer consigo un objeto de confort, como un muñeco de peluche.
6. Ofrecer la opción de usar vestido o falda y quitarse solo la ropa interior para el examen.
7. Asegurar a la paciente que si decide continuar, podrá detener el examen en cualquier momento.
8. Ofrecer a la paciente alternativas distintas a la posición de litotomía dorsal.
9. Brindar opciones a la inserción del espéculo, incluida la autoinserción guiada.
10. Con el consentimiento firmado de la paciente y un acompañante presente, se puede suministrar un medicamento ansiolítico antes del examen.

El estudio finalmente concluye que con persuasión suave, colaboración cercana con la paciente y un mínimo de creatividad técnica, incluso el examen pélvico más desafiante puede finalmente tener éxito.

Es así como actualmente se busca que, bajo ninguna circunstancia, asistir a una clínica ginecológica suponga una transgresión ética. Se trata de hacer real la máxima de “el fin no justifica los medios” en una práctica que permite detectar a tiempo enfermedades como el cáncer cervicouterino o de ovario especialmente en México, país que ocupa el tercer lugar mundial en ocurrencia de cánceres ginecológicos, según un informe del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

Un nuevo ‘pato’ ginecológico

Bajo estos principios surgió Yona, prototipo de espéculo desarrollado por dos mujeres estadounidenses: Rachel Hobart, directora asociada de diseño, y Fran Wang, ingeniera mecánica senior, ambas empleadas de frog, compañía global de innovación y diseño.

Este instrumento está recubierto de silicona quirúrgica para que no sea tan frío y permite que el médico lo manipule con una sola mano, e incluso su color durazno está pensado para que deje de lucir como un aparato mecánico intimidante, al estilo del espéculo inventado por Sims.

Yona, prototipo de espéculo. (Foto: Cortesía)
Yona, prototipo de espéculo. (Foto: Cortesía)

Yona, además, pretende complementar las visitas al médico mediante una app en la cual la paciente puede hacer preguntas e informarse con mayor detalle sobre el examen antes de realizarlo. También incluye una guía de meditación que ayuda a someterse al examen en un mejor estado mental.

“Vemos que la revolución en el campo de salud está en crear un baile entre la funcionalidad y la emoción; balancear la salud con la centricidad en las personas. Voltear los ojos hacia las pacientes y devolverles su voz es un acto revolucionario en sí. El fin es hacer de los exámenes pélvicos una experiencia mucho más humana, y éste es solo un ejemplo del potencial que el diseño tiene para transformar cómo vivimos la salud”, comenta en entrevista para Tec Review, Daniela Martínez, directora de desarrollo de negocio en frog.

Desde diciembre de 2019, este prototipo de espéculo fue presentado en Estados Unidos y hoy sus diseñadoras buscan socios potenciales en México con conocimientos y experiencia en el desarrollo de dispositivos médicos y pruebas clínicas que puedan ayudarlas a llevar su producto al mercado a partir de 2021.