Fatiga que nos trajo el Zoom
No es sólo la sensación de estar más cansado, las videoconferencias por Zoom no están agotando más. (Foto: iStock)

La fatiga que nos trajo el Zoom se trata de un fenómeno identificado como el agotamiento que surge tras una jornada de trabajo en la que se pasan horas frente a una pantalla en videoconferencias.

El confinamiento obligado por la pandemia de Covid-19 como medida para contener los contagios ha normalizado a lo largo de poco más de un año el contacto diario a través de la computadora.

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¿Qué es la fatiga que nos trajo el Zoom?

Todas las videoconferencias que se agendan en un día normal, aunque pareciera que son actividades comunes que simplemente suplen el contacto humano cara a cara, en realidad están produciendo cansancio.

La Universidad de Stanford lleva a cabo un estudio para elaborar una escala que mida el grado de cansancio que producen las videoconferencias a través de plataformas digitales como Zoom o Google Meet.

El proyecto fue denominado Escala Zoom Agotamiento y Fatiga (ZEF) y es parte de un estudio en curso en el que esta universidad con sede en California, Estados Unidos, trabaja y en el que se puede participar en este enlace.

En pocas palabras, la fatiga que nos trajo el Zoom se trata de un agotamiento físico y psicológico que produce la interacción, no natural, a través de la pantalla de una computadora, generado por los nuevos mecanismos de interacción verbal y no verbal.

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Causas de la fatiga Zoom

En tanto, el director y fundador del Laboratorio Virtual de Interacción Humana de Stanford (VHIL), Jeremy Bailenson, ha identificado cuatro causas de la fatiga que las sesiones de Zoom han ocasionado en millones de personas alrededor del mundo durante la pandemia.

Sus primeros hallazgos revisados ya por pares fueron publicados el 23 de febrero pasado en la revista Technology, Mind and Behavior, y consisten en una deconstrucción sistemática de la llamada fatiga de Zoom, en la que identificó cuatro consecuencias.

  • El contacto visual cercano en cantidades excesivas es muy intenso.
  • Verse a sí mismo en las videoconferencias es cansado.
  • Las videoconferencias reducen la movilidad habitual.
  • Las videoconferencias exigen una mayor carga cognitiva.

“La videoconferencia es algo bueno para la comunicación remota, pero piense en el medio; solo porque pueda usar video no significa que tenga que hacerlo”, apuntó Bailenson, en una publicación de noticias de la Universidad de Stanford.

El investigador ha aclarado en distinto foros que el estudio no busca abrir una afrenta contra de servicios como Zoom, pues reconoció que él es un usuario recurrente de estas videoconferencias, sino que buscan identificar estos patrones que están llevando al agotamiento y ofrecer soluciones.

Contacto visual cercano excesivo

Las videoconferencias trastocaron la interacción normal que las personas tienen o tenían durante las reuniones que considerábamos normales.

En estas, las personas miraban ocasionalmente a un orador y por tiempos dirigían su mirada hacia otros, a lugares distintos del foro o tomaban notas.

Pero con la nueva normalidad de las videoconferencias, cualquier asistente a una sesión virtual recibe el trato de un orador, pues hay tantas personas como asistentes a la cita que lo están mirando constantemente.

Esta acción desata una de las fobias sociales más frecuentes: la ansiedad social de hablar en público, abundó Jeremy Bailenson. Como consecuencia se detonan situaciones constantes de estrés y la señalada fatiga que nos trajo el Zoom.

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Otro punto asociado a esto tiene que ver con el tamaño de los rostros de las personas que participan en la reunión, principalmente por la configuración de los equipos de cómputo, en los que las caras pueden ser demasiado grandes para la comodidad emocional.

Bailenson explicó al respecto que el hecho de percibir un rostro humano tan cerca de nosotros, si se trasladara a la vida común, provocaría la interpretación cognitiva de que se trata de una situación de conflicto o, por el contrario, una invitación a iniciar una relación sexual.

“Lo que está sucediendo, en efecto, cuando estás usando Zoom durante muchas, muchas horas, es que estás en este estado hiperactivo”.

Solución: Una acción sencilla para reducir estas situaciones de estrés e hiperactividad es desactivar la opción de pantalla completa en Zoom.

Adicionalmente recomendó reducir el tamaño de la ventana de Zoom respecto al tamaño de la pantalla, así como enlazar un teclado externo que permita una mayor distancia entre la persona y la cuadrícula de la reunión.

Cansados por vernos todo el tiempo

Observarnos durante horas y mirar lo que realizamos en todo momento no es algo natural, apuntó Bailenson; sin embargo, prácticamente todas las plataformas de videoconferencias ofrecen la opción de observarnos.

“Es agotador para nosotros. Es estresante. Y hay muchas investigaciones que muestran que hay consecuencias emocionales negativas por verse en un espejo “.

Solución: Una solución fácil es que se desactive la cámara para evitar mirarse en todo momento o activar en Zoom la función para “ocultar la vista propia”, para que los demás puedan observarnos, pero nosotros no.

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Ahora nos movemos menos

Durante las videoconferencias las personas deben permanecer durante varias horas sentadas en un mismo lugar. Debido a que las cámaras de los dispositivos tienen un campo de apertura limitado, nosotros debemos permanecer quietos.

Una movilidad limitada, no sólo tiene consecuencias físicas, sino que según el investigador existen estudios que indican que las personas tienen un mejor desempeño cognitivo cuando tiene posibilidad de moverse, como ocurre en una conversación normal.

Solución: Instalar una cámara externa ofrece a posibilidad de pensar más en el espacio en donde trabajamos y abre la posibilidad de movernos; también se recomienda apagar el video temporalmente en sesiones de grupo, para tener un breve descanso no verbal.

Debemos pensar más cómo reaccionamos

Las sesiones virtuales nos ponen a prueba cognitivamente, pues las personas deben hacer un esfuerzo mayor para interpretar las señales no verbales de los interlocutores.

“Si quieres mostrarle a alguien que estás de acuerdo con él, debes asentir exageradamente o levantar el pulgar. Eso agrega carga cognitiva a medida que usa las calorías mentales para comunicarse “.

Solución: Si se tiene que asistir a reuniones largas en videoconferencias se recomienda darse un descanso en el que apague su cámara, pero también le permita alejarse de la pantalla, aunque siga escuchando la sesión.

Esto evitará una sobrecarga de interpretaciones no verbales que emiten todas las personas que están en la reunión.