houseplants
They’re a way of de-stressing, and if we fail, we can start over. (Photo: AnyLú Hinojosa-Peña)

Las plantas de interior nos transmiten paz, armonía y esperanza. Son seres vivos a los que podemos ver en distintas etapas de crecimiento; al regarlas, cambiarles la tierra, al quitarles las hojas secas nos involucramos emocionalmente, aprendemos de ellas, y sentimos felicidad cuando vemos que ya están sacando nuevas flores y reverdeciendo.

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Las plantas conocidas como “suculentas” son populares porque no requieren demasiados cuidados. (Foto: Mariana León)

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La ciencia detrás de las plantas de interior

El cuidado de las plantas ya sea en maceta, en el interior de la casa o en el jardín ejercita tanto estructuras subcorticales del cerebro como funciones sinápticas cerebrales, explica Itzel León Magallón, maestra en Psicoterapia Gestalt, quien tiene 18 años de experiencia en desarrollo humano y 15 años en área clínica.

“La amígdala —estructura en forma de almendra que se encuentra en el centro del cerebro que se encarga de procesar y almacenar las reacciones emocionales— encuentra desde la percepción a través de la mirada, memoria, significación, contacto, aroma, color y textura de una planta el despertar de una sensibilización que estimula el placer en esa área”, dice.

A nivel metacognitivo se activan conexiones de reacción emocional que favorecen conductas de aprendizaje, una planta motiva a investigar, utilizar la memoria, asociar elementos significativos para su crecimiento como regular la exposición al sol y al agua, elementos que quizá vemos de manera muy simple, sin embargo, son procesos de potenciación altamente neuronales y cognitivos, de acuerdo con la psicóloga.

Como toda dualidad, una planta no está exenta de morir y, justamente por ello, “su cuidado nos da la oportunidad de trabajar emociones de dolor o frustración a escalas pequeñas; en muchos de los casos nos permite intentarlo de nuevo, que es una de las ventajas para el trabajo interno de baja tolerancia a la frustración en algunas personas”, comenta Itzel León Magallón.

Mejor comunicación

Al cuidar plantas, tener un huerto o un minijardín en casa se involucra toda la familia en su cuidado, lo que puede mejorar la convivencia entre padres e hijos, dice la maestra en ciencias Alejandra Alvarado Zink, “estamos conviviendo más en familia a pesar de las miles de cosas que están pasando. Se involucran tías, abuelas, en las dinámicas del cuidado de las plantas y hay mayor comunicación”.

La responsable de Educación y comunicación ambiental de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) comenta que muchos papás la buscaron durante la pandemia para pedirle consejos sobre qué plantas comprar para hacer un jardín o un huerto.

Lo primero que les recomendó fue que reflexionaran si tendrían el tiempo para cuidarlas así como llevar una especie de diario en donde los niños hagan anotaciones sobre sus cuidados.

“Ya no tenemos pretexto, con la pandemia somos más disciplinados y al estar en casa tenemos tiempo para observar y cuidar con mayor detalle a las plantas y ver cómo van cambiando; Alejandra Alvarado

La experta afirma que “estamos aprendiendo de nuestros propios alimentos, que muchos tienen semillas y pueden germinar, que las plantas son súper nobles y crecen hasta en bolsas de té”.

La bióloga comenta que en todo momento recibe correos electrónicos de personas que le piden consejos para cuidar plantas, por lo que sí es notable este creciente interés por las plantas. A quienes empiezan de cero les recomienda que empiecen con germinados, por ejemplo, de lentejas, porque son semillas muy fáciles de cuidar.

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Toda la familia se debe involucrar en el cuidado de las plantas. (Foto: Ángel Ramírez)

Absorben contaminantes y emiten oxígeno

Las plantas no solo embellecen un lugar, también capturan dióxido de carbono, gas de efecto invernadero, y al procesarlo expulsan oxígeno. De acuerdo con el biólogo Jerónimo Reyes Santiago, las plantas absorben y procesan las partículas suspendidas en el medio ambiente de 2.5 micrómetros, las más pequeñas que logran entrar a la piel.

“Las hojas tienen estomas, poros por los cuales respiran que son invisibles a nuestros ojos pero suficientes para atrapar agua y partículas suspendidas que son venenosas y cancerígenas como plomo, vanadio, mercurio, manganeso, zinc y cromo”, explica el responsable de la colección de crasuláceas y cactáceas en peligro de extinción en el Jardín Botánico de la UNAM.

Reyes Santiago coordina la Red Echeveria que surte de plantas del género Echeveria y suculentas a diversos viveros de México y reconoció que con esta pandemia aumentó la compra de plantas: “en tres meses vendimos lo que normalmente se vende en año. Nunca habíamos visto tanto flujo de plantas. La gente desea convivir con estos seres vivos y algunos entienden que dan servicios ecosistémicos”, dice.

El biólogo junto con otros investigadores impulsan la compra sustentable y legal de plantas nativas de México, pues especies tan emblemáticas como la Echeveria laui o la Echeveria cante son muy solicitadas por coleccionistas en el mundo. En las páginas de comercio electrónico como Ebay o Amazon un ejemplar puede costar hasta 3,000 pesos proveniente de Estados Unidos, pero en México aún es incipiente su venta.

“Estas plantas llegan a un mercado muy amplio, que va desde aficionados hasta coleccionistas que atesoran ejemplares extraños y difíciles de obtener. Otro fenómeno que estoy viendo es que cientos de personas están importando plantas que vienen de Estados Unidos, de Australia, China y Corea. Lo irónico es que son plantas nativas de México que no hay en el país, como la como la Echeveria chihuahuensis que es de Chihuahua y se agotó ahora en la pandemia, porque había muy poca”.

Para el taxónomo es muy buena señal que las personas comiencen a valorar a la naturaleza.

“Ojalá que esto nos lleve a un sueño que comparto con muchas personas: empezar a atender nuestro entorno porque eso tendría más impacto. Nuestro gran paso será poner plantas en nuestra calle, avenida, en lotes baldíos, en sitios abandonados y atender a plantas enfermas. No importa si somos ricos, pobres, todos lo podemos hacer”.