john bardeem
Un retrato tomado en diciembre de 1975 del físico estadounidense John Bardeen (1908-91) durante un viaje a Finlandia. Bardeen con William B. Shockley y Walter Brattain compartieron el Premio Nobel de 1956 por inventar conjuntamente el transistor, un dispositivo de estado sólido que podría amplificar la corriente eléctrica. El transistor se convirtió en el componente básico de toda la electrónica moderna y en la base de la tecnología de microchips y computadoras. (Foto: LEHTIKUVA / AFP / Arte Tec Review)

John Bardeen es el único científico en la historia que ha ganado dos veces el Premio Nobel de Física. La primera vez que lo recibió, en 1956, fue amonestado por el rey Gustavo VI Adolfo, de Suecia, encargado de otorgarlo. La razón: no haber llevado a su esposa y tres hijos. Solamente llevó a uno de ellos.

Ante tal reprimenda, Bardeen, científico estadounidense nacido en 1908, palabras más, palabras menos, le contestó: “Tenían otras cosas que hacer, a la próxima los traigo”. Y lo cumplió, cuando recibió por segunda vez el Premio Nobel de Física.

“Bardeen no era antipático, sino muy sencillo. Le encantaba hacer carnes asadas en su casa e invitar a todos sus vecinos, también le gustaba jugar golf con amigos, quienes no sabían que había ganado el Nobel porque nunca se los contó. Él no acostumbraba hablar de sus premios”, cuenta en entrevista para Tec Review, Jorge Amin Seman Harutinian, investigador del Instituto de Física, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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Una aportación que transformó el mundo

El día en que inventó el transistor (componente que permite regular la corriente eléctrica), lo cual a la postre le llevaría a ganar su primer Nobel, se alegró mucho.

Entonces ese mismo día llegó a su casa y le dijo a su esposa: “Hoy pasó algo muy importante en el laboratorio”.

“Él tenía un temperamento tan suave que luego ya no se lo contó. No ocurrió que después le dijera: ‘Fíjate que finalmente logré el objetivo en el que llevaba 10 años trabajando’. Era una persona que no presumió (ni con su esposa) una invención que cambió el mundo: el transistor”, explica Seman Harutinian.

El primer Nobel se lo ganó junto con otros dos compañeros de equipo, Walter Houser Brattain y William Bradford Shockley. Su invento, el transistor –en aquel tiempo era tan grande como una caja de chocolate abuelita, pero hoy es tan pequeño como un grano de arroz– sustituyó al bulbo y actualmente es parte de muchas actividades de la vida cotidiana (como leer esta nota), pues es componente de computadoras, celulares, electrodomésticos, entre otros aparatos de la modernidad.

“Si a los alumnos de física, de la Facultad de Ciencias, de la UNAM, se les muestra una foto de John Bardeen y se les pregunta ¿Quién es? No saben, y si se les pregunta ¿Quién inventó el transistor? Tampoco saben. Aunque si uno va con alumnos de posgrado de electrónica, ellos sí reconocen que Bardeen es una celebridad”, precisa Seman.

Esta carencia de fama tiene que ver con la misma personalidad de Bardeen. Él nunca fue una persona que haya querido llamar la atención de los medios de comunicación estadounidenses.

“No sacaba la lengua en las fotos como Albert Einstein. Otro de los físicos famosos ha sido Richard Feynman (1918-1988). Él era sumamente carismático, arrogante, bromista, le gustaban las fiestas, salía con muchas mujeres y la gente lo conoce mucho por su gran contribución a la ciencia (ecuaciones que describen las fuerzas de unión de la materia), pero la contribución de Bardeen es igualmente grande”, platica Jorge Seman.

Es clave tener en cuenta que Bardeen, de niño, fue intelectualmente superdotado, desde que tenía seis años de edad mostró que era buenísimo para las matemáticas. A los 15 entró a la Universidad de Wisconsin, donde estudió ingeniería eléctrica, lo cual también tuvo que ver con que la comunidad científica lo hiciera menos.

“Por esto no es tan famoso entre los físicos, pues no tuvo formación de físico, él era un ingeniero eléctrico, aunque después, en la Universidad de Princeton, hizo un doctorado en física”, precisa este académico de la UNAM.

La teoría BCS

Al año siguiente en que ganara su primer Nobel, comenzó a trabajar en un nuevo proyecto con León Cooper, investigador posdoctoral. De hecho, Sheldon Cooper, personaje de la serie The Big Bang Theory, tiene ese apellido en honor a este científico. A la dupla también se sumó Robert Schrieffer, quien apenas era estudiante de doctorado.

Finalmente formularon la teoría de la superconductividad (propiedad de conducir electricidad sin resistencia), que se le conoce como teoría BCS, en honor a las iniciales de los apellidos de aquellos tres científicos estadounidenses.

“Ellos descubrieron que, a temperaturas muy bajas, los electrones de la corriente eléctrica se agrupan en pares. Entonces el material conductor se transforma en una entidad cuántica macroscópica, parecida al condensado de Bose-Einstein”, afirma Seman.

Actualmente, los materiales superconductores tienen aplicaciones relevantes; por ejemplo, son parte del mecanismo interno de los equipos de resonancia magnética, empleados en hospitales para hacer mapeos del cuerpo humano, al estilo de los rayos X.

“En 1972 les dieron el Nobel de Física a los tres. Schrieffer era apenas alumno, pero Bardeen era una persona muy generosa y lo incluyó para que también recibiera el premio. En esta segunda ocasión, Bardeen cumplió su promesa de llevar su familia entera a Estocolmo”, detalla Seman.

Las otras tres personas que han logrado la hazaña de ganar dos Nobel son Marie Curie, en física y química; Linus Pauling, de química y de la paz, y Frederick Sanger, quien ganó ambos galardones en la misma disciplina: química. Todos en el siglo XX. Aún no hay quien haya ganado tres o más premios Nobel.

John Bardeen fue un físico que se ha convertido en un ejemplo a seguir en el sentido académico y moral para Jorge Seman, quien, a semejanza del doble ganador del Nobel de física, demuestra no solamente erudición, sino también un carácter amable y sereno durante la entrevista vía videoconferencia.

“Siempre me ha gustado mucho la vida de John Bardeen, pues era una persona muy tranquila y muy sencilla. Murió en 1991 de un infarto y sus hijos todavía están vivos”, cuenta este físico de la UNAM.