sororidad
Maestras y residentes feministas participan en una manifestación para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en Montevideo, Uruguay, el 8 de marzo de 2021. (Foto: REUTERS / Mariana Greif)

La sororidad es esa solidaridad y hermandad entre mujeres ante situaciones de discriminación, violencia y machismo.

Como si se tratara de una alianza o un pacto no escrito para luchar por la igualdad, apoyarse entre sí, dar ánimo a las que lo necesitan y defender los derechos de todas.

Sororidad

Marcela Lagarde, feminista, política y antropóloga mexicana, quién creo el término de feminicidio y popularizó el concepto de la sororidad en su texto Pacto Entre Mujeres, dice que la sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo, cuya práctica puede ayudar a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el empoderamiento vital de cada mujer.

En ambientes competitivos en los que se desenvuelven a diario las mujeres se ha ido quedando rezagado este principio. Ya que es fácil decirlo y reconocerlo públicamente, pero a la hora de aplicarlo se complica, debido a que quizá por desconocimiento o por la cultura de rivalidad con la que fuimos educados puede llegar a mermar ese respeto entre iguales.

A pesar de que existen competencias y rivalidades, muchas mujeres decidieron ser aliadas desde los diferentes ámbitos en los que se encuentran.

Te presentamos algunos puntos donde la sororidad en el trabajo, academia y en el espacio de virtual de las redes sociales puede empoderar a las mujeres.

Sororidad en el trabajo

Las mujeres se acostumbraron en sus trabajos a solo estar frente de su escritorio, bajar la cabeza y no mirar a las que le rodean si necesitan algo.

Diferentes estudios al interior de las empresas, han logrado evidenciar que la falta de sororidad puede minar la productividad en espacios laborales y reducirle las posibilidades a las mujeres de llegar a cargos de mayor rango en las organizaciones.

Lo anterior, porque los hombres tienen un 46 % más de probabilidades de tener un defensor de mayor rango en la oficina, según la economista Sylvia Ann Hewlett, lo que marca una diferencia en la representación a medida que sube el organigrama organizacional.

Según un informe de McKinsey de 2016, titulado Women in the Workplace, en las empresas donde solo uno de cada 10 líderes son mujeres, señala que casi el 50 % de los hombres sentían que las mujeres estaban “bien representadas” en el liderazgo, porque al parecer lo que percibimos se llega a pensar que está bien o es “normal”.

De acuerdo con Anne Welsh McNulty cofundadora y socia gerente de JBK Partners, en su artículo No subestimes el poder de las mujeres que se apoyan mutuamente en el trabajo, para Harvard Business Review explicó que hay un fenómeno que se le conoce como el síndrome de la “Abeja Reina”, que es cuando algunas mujeres de alto nivel se distancian de las mujeres en menores rangos, tal vez, para ser más aceptadas por sus pares masculinos.

Welsh McNulty dice que, desde su experiencia, hay que romper con esas barreras y cultivar las conversaciones entre mujeres, ya que esto tiene enormes beneficios para lograr equipos de trabajo competitivos, evitar la deserción laboral y dar mejores resultados en las ventas.

Hay otras situaciones en las que la sororidad cobra importancia, por ejemplo, en los espacios de trabajo, donde se trata de combatir el acoso sexual y el hostigamiento. Organizaciones civiles dedicadas al acompañamiento para evitar ambientes libres de violencia, como es el caso de Recrea y Fundación Origen, recomiendan que se formen redes de protección entre las compañeras.

Las organizaciones señalan que una forma de evitar la violencia contra la mujer en los espacios de trabajo es cuando se interrumpe un potencial momento de acoso. Es decir, si ve que a otra mujer en una situación de ese tipo, se le puede preguntar: ¿tienes papel? ¿tienes una pluma? ¿me acompañas al baño? Éstas son formas de mostrar sororidad cuando alguna se encuentra en una situación de acoso.

Lo importante es, no tolerar las actitudes sexistas o denigrantes hacia las compañeras, ya sea que venga de parte de los hombre o mujeres.

En el caso de que la situación escale a mayores y alguna compañera sea víctima de acoso sexual, lo que no debe hacer otra mujer es no alentarla a que no denuncie, diciéndole: “no armes problemas”, “te van a tildar de escandalosa”. Por el contrario, el apoyo y sororidad cobran un papel relevante si alguna decide denunciar y alzar la voz.

Sororidad en la escuela

Así como ocurre en los ambientes de trabajo, en la academia donde convergen las diferentes ideologías políticas, pensamientos y clases sociales se llegan a crear diferencias o rivalidades entre mujeres, que con tal de rechazar a la que destaca por sus calificaciones o talento en el grupo, se le intenta censurar o hacerle sentir que sus ideas no valen.

El primer paso para transformar las dinámicas destructivas que se dan entre muchas mujeres es el de empezar por sí mismas.

De acuerdo con la antropóloga Martha Lamas, en el documento Reflexiones entre compañeras y los retos para alcanzar acuerdos políticos, el primer paso para comprender cómo se da toda esta lógica cultural de competitividad, es fundamental arrancar con un proceso de autoreflexión.

También se puede revisar los aspectos que alimentan esa dinámica que destruye a las mujeres entre sí, la reflexión que hace la investigadora mexicana va en torno a qué hacer para no contribuir a ese conflicto entre pares que las destruye y las debilita frente al patriarcado.

Sugiere que para avanzar más rápido rumbo a la igualdad social con los hombres  se puede empezar por identificar aquellos “mandatos culturales” con los cuales las mujeres han sido socializadas y criadas, pero que en la actualidad ya no funcionan. Señala Lamas en su texto que, parte de esas disparidades existentes entre las mujeres tiene que ver con la desigualdad y las oportunidades sociales.

Las feministas italianas de la Librería de Mujeres de Milán sostienen que estas rivalidades “enmascara los efectos de una envidia paralizante”, es decir cuando alguna se distingue por su talento, creatividad, esfuerzo, audacia y eso genera envidia entre sus semejantes.

Ya que con frecuencia la mujer que quiere destacar, o la que propone ser líder en su campo, se separa del conjunto de compañeras, impulsada por el rechazo y la agresión que despierta su ambición de distinguirse. Las demás del grupo pueden llegar a percibirla como “protagónica” o “traidora”.

Lamas sostiene que el dolor de la envidia y la rivalidad no desaparecen de manera sencilla, pero sí existen formas de avanzar para mejorar el trato entre mujeres. Por ejemplo, saber trabajar en equipo y implica muchas cosas:

  • Aceptar que no estás sola y que hay una interacción
  • Aceptar que eres buena para algo, pero no para todo, que hay otras jugadoras que también desean jugar
  • Comprender que los equipos necesitan tener quien los coordine: una “capitana”, pero muchos conflictos entre mujeres aparecen justamente cuando una es “distinguida”.
  • Lidiar con las envidias y la agresividad pasiva.
  • Canalizar las energías positivas de las mujeres integrantes de un grupo, integrar lo que sabe cada una. Cuando esto ocurre se dice que hay “sinergia”

En las redes sociales

Pese a que internet se ha convertido en un espacio de expresión de las ideas políticas y para la acción colectiva, desafortunadamente se han transformado en un lugar donde se han filtrado violencias contra las mujeres y todo tipo de acciones que buscan dañar su reputación. Otra forma de demostrar sororidad es a través de estos espacios.

Si una mujer expresa algo que tenga que ver con el debate público y es criticada por su complexión física, vestimenta, su condición socioeconómica, grupo étnico, etcétera, una forma de crear un ambiente de sororidad es que otra mujer le envíe mensajes de apoyo en las redes sociales para reforzar a la que fue agredida.

Esto para restarle importancia a los comentarios sexistas o machistas con los que otra persona busca denigrarla, el propósito es desactivar todo aquello que no contribuya al debate público.

Cabe mencionar que Amnistía Internacional en un reporte llamado Why Twitter is a toxic place for women, descubrió que es más probable que se acose y maltrate a las mujeres en esta red social, con amenazas directas o indirectas de violencia física o sexual, acoso discriminatorio dirigido a uno o más aspectos de la identidad de una mujer.

Las mujeres entrevistadas para la investigación señalaron que en estos espacios las personas se sienten impulsadas para decir cosas que no necesariamente dirían en la vida real.

Pero, no todo es malo. La Cuarta Ola Feminista se reforzó con las redes sociales y el aumento de la accesibilidad al internet.

Ha ayudado a fortalecer la sororidad a través de grupos virtuales, donde comparten experiencias, hacen conversatorios sobre sexualidad, clubes de lectura, muestras artísticas e incluso convocatorias para alguna marcha o campaña.

Cuando se informó el feminicidio de Ingrid Escamilla la sororidad se hizo presente. A través de internet fueron difundidas imágenes explícitas de su cuerpo, en manos de su expareja.

Las imágenes de la policía que se filtraron en los medios y por consecuencia en las redes sociales, las mujeres contrarrestaron ese efecto, subiendo foto de paisajes, mascotas tiernas o ilustraciones bellas de su rostro.

Fue gracias a un movimiento convocado por usuarias de Twitter que lograron ganarle la partida al algoritmo para evitar que al hacer las búsquedas su nombre arrojara fotografías de su cuerpo.

Otro momento de sororidad que se dio en las redes sociales, fue en el caso del movimiento, Me Too que se convirtió en una de las movilizaciones digitales más significativas de los últimos años que surgió en contra del productor cinematográfico, Harvey Weinstein por casos de acoso que ejerció contra actrices y modelos.

Luego se retomó en México con el Me Too Mexicano, el Me Too de Periodistas y Mi Primer Acoso y el más reciente caso del escritor Andrés Roemer, que alcanzó las 61 denuncias por acoso sexual, que han sido movimientos donde las mujeres dieron el primer paso y alentaron a otras a denunciar, lo que logró romper la barrera del miedo y crear un ambiente de sororidad digital.

El poder de las mujeres juntas ya sea en el trabajo, la escuela o en las redes sociales les ha ayudado a empoderarse y a recuperar los espacios en los que no han recibido un trato paritario.