huella ambiental
Sustainable development concept

Los seres humanos utilizamos recursos naturales como si se tuviéramos 1.6 planetas en promedio, de acuerdo con la organización Global Ecological Footprint; aunque hay personas que requieren más que otras, llegando al extremo de consumir 44 Tierras (simbólicamente). Pero, ¿cómo podemos calcular nuestra huella ambiental y ecológica?

Además, siempre es diferente. Por ejemplo, si un individuo tiene en su dieta diaria carnes rojas y lácteos, si conduce más de 800 kilómetros por semana sin compartir el coche o al año viaja en avión más de 200 horas, si su vivienda tiene un área de más de una hectárea de extensión y genera muchos residuos orgánicos e inorgánicos, entre otros.

¿Qué es la huella ambiental?

Imagina que cuando compras un producto; una botella de agua, ropa, un auto, puedas ver el gasto ambiental que representa y representará para el planeta una vez que ya no lo necesites. Esa es su huella ambiental.

La huella ambiental es una medida que calcula los impactos que surgen a lo largo del ciclo de vida de un producto, desde la extracción de la materia prima para su manufactura, durante su funcionamiento y hasta su disposición final; se trata de una medida más pequeña en comparación con la huella ecológica.

En 2013, la Unión Europea dio a conocer una guía sobre cómo clasificar la huella ambiental de cada producto, tratar de reducir el impacto ambiental de los bienes y servicios teniendo en cuenta las actividades de la cadena de suministro.

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Huella ecológica

El concepto de huella ecológica fue concebido para evidenciar la demanda de recursos que personas, empresas y países ejercen, y la capacidad del planeta para sostenerlas. Esta información puede ser una herramienta útil para crear conciencia y modificar hábitos de consumo encaminados hacia un mundo más sostenible.

Estos aspectos se pueden calcular en la página Ecological Footprint Calculator.

El término de huella ecológica nació el año 1996 por William Rees y su entonces estudiante Mathis Wackernagel, en la Universidad de Columbia Británica, éste último es quien creó la Global Ecological Footprint, una organización sin fines de lucro que proporciona las Cuentas Nacionales de Huella y Biocapacidad de más de 200 países y el calculador de huella ecológica.

Dicha métrica estima la cantidad de naturaleza que utiliza un individuo en alimentación, abrigo, movilidad, bienes y servicios, frente a la disponibilidad del planeta. Para lo cual toman en cuenta la huella de carbono, la zona de pesca, tierras de pastoreo y cultivo, el área edificada y los productos del bosque empleados para satisfacer el consumo de una persona.

“Sabemos que estamos empleando muchos más recursos de los que el planeta puede producir”, asegura la divulgadora de la ciencia, Marjory González, quien indica que la atmósfera, bosques y océanos no pueden absorber el excedente que termina en la atmósfera y que está modificando el clima del planeta.

“Desde el 10 de mayo de 2013 vivimos con concentraciones de dióxido de carbono superiores a las 400 partes por millón, cifra no vista desde hace 800,000 años (según registros fósiles y glaciares) y los seres humanos somos responsables directos o indirectos de esta concentración”, comenta la coautora del libro Siguiendo la huella: el impacto de las actividades humanas, publicado por la UNAM en 2016.

La presión que ejerce la humanidad sobre el planeta en energía, recursos, biodiversidad y agua se puede comparar con las fuerzas de escala geológica que lo han moldeado como el vulcanismo; al grado que la intervención humana sobre el planeta se podrá constatar en el registro geológico en 10,000 años, además, la capa de residuos de plásticos y nucleares darán cuenta de ello, añade la bióloga.

Huella de carbono y huella hídrica

La huella ecológica abarca a la huella de carbono y la huella hídrica que por separado también se han popularizado.

Carlos Galindo, de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), explica que el primero mide la emisión de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero producidos por las actividades humanas y la capacidad del planeta de absorberlos; el segundo calcula la cantidad de agua empleada para producir un producto como una taza de café o unos pantalones de mezclilla.

“Siempre he pensado que no deberíamos fragmentar estas huellas, sino que deberíamos conocerlas en conjunto como lo hace la organización Global Ecological Footprint”, destaca el director de Comunicación de la Ciencia de dicha institución.

También hay otras huellas no tan populares como la del fósforo y el potasio para los alimentos producidos con agroquímicos e insecticidas.

Redes de consumo local

En ese sentido, la Conabio impulsa la iniciativa Redes Alimentarias Alternativas en donde grupos de agricultores comprometidos con la producción sustentable de frutas, verduras y productos pecuarios venden su mercancía.

Con ello buscan contribuir a reducir la contaminación del agua y tierra de cultivo por el uso de agroquímicos e insecticidas.

Aunado a que el consumo de alimentos a nivel local disminuye la emisión de dióxido de carbono al ser menor el combustible empleado en el traslado del alimento del campo, por ejemplo, de las chinampas de Xochimilco a un hogar de la misma Ciudad de México. Con dicha iniciativa es posible el contacto directo entre productores y consumidores.

La misma Conabio ha realizado acciones para reducir su huella ecológica como institución, por ejemplo, en el edificio que ocupa cambiaron sus lámparas de balastro por LED ahorradoras de luz, lo que les representa un ahorro diario del 51 %; se instalaron grifos ahorradores de agua y paneles solares; también se implementó un sistema de captación de agua de lluvia y se creó una azotea verde compuesta por especies nativas.

“En la página huella ecológica de Conabio nos proponemos contagiar a otras instituciones, empresas y corporativos para que vean cómo pueden reducir su impacto mediante algunas de estas acciones”, de acuerdo con Galindo.

Cambios individuales

Una vez que la calculadora de huella ecológica de Global Ecological Footprint muestra cuántos planetas necesitamos para continuar con nuestras actividades cotidianas también indica qué día del año la persona que hizo su cálculo ha acabado con la cuota anual de recursos del planeta.

A nivel global en 2020, la pandemia por la Covid-19 ocasionó una desaceleración de las actividades humanas y el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, que indica cuando la humanidad ya ha utilizado los recursos ecológicos y ecosistemas naturales, se retrasó y se celebró 24 días después que en 2019. Sin embargo, una vez que se supere esta emergencia sanitaria se volverá a los niveles de consumo del pasado.

Una reflexión de Marjory González es pensar en los efectos no tan evidentes de la producción actual de bienes y su disposición final.

En Guiyu, ubicado en la provincia de Guangdong, China, se reciben 1.6 millones de toneladas de residuos electrónicos de todo el mundo a un precio muy alto: la población de ese lugar está enferma porque reciben contaminantes y metales pesados.

“Las economías desarrolladas exportan sus desechos o pasivos ambientales a otras naciones con un impacto ecológico tremendo y muy importantes afectaciones a la salud de las personas”, comenta la experta.

“Los problemas ambientales no los van a solucionar los gobiernos ni las instituciones académicas. Se solucionan con cambios personales y de conducta, y esto consiste en pensar qué consumimos y de dónde viene aquello que consumimos, en reducir el consumo de ciertos alimentos, en ahorrar agua o en reutilizar”, dice por su parte Carlos Galindo.

¿Quieres reducir tu huella ecológica? Puedes entrar a los bazares de segunda mano