gabriela franco
(Foto: CID Tecnológico de Monterrey)

Las subidas y bajadas de la trayectoria laboral de Gabriela Franco Salinas le hicieron comprender que no siempre haber optado por “lo mejor” significó elegir lo que realmente le apasionaba.

Finalmente, ella encontró su sitio en Johnson & Johnson, empresa farmacéutica transnacional, donde actualmente colabora.

Ella es la responsable del desarrollo y validación de ensayos celulares para monitorear la inmunogenicidad en estudios clínicos de vacunas en desarrollo y una de ellas es la utilizada contra la Covid-19.

La EXATEC que ‘vigila’ la vacuna de Johnson & Johnson

Esta vacuna ha sido autorizada el 1 de marzo por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en Estados Unidos; es de una sola dosis y no requiere ultracongelación, a diferencia de las de Pfizer o Moderna, que ya se han aplicado masivamente en aquel país.

“Nos enfocamos en padecimientos que tienen gran prevalencia y no cuentan con un método eficaz de prevención. Tenemos un programa que trabaja en enfermedades emergentes, son aquéllas que se consideran una amenaza global ya sea porque su incidencia está aumentando mucho o porque todavía no se puede controlar su contagio, como ébola, SIDA y, sobre todo, Covid-19”, explicó Franco Salinas durante el Congreso de Investigación y Desarrollo (CID), del Tecnológico de Monterrey.

Ella es integrante del laboratorio donde se desarrollan y validan los resultados que después guían a las autoridades regulatorias en la toma de decisiones respecto a la autorización del uso de vacunas contra la actual pandemia.

Sin embargo, haber encontrado el trabajo que más se adecuaba a su vocación, no fue nada sencillo, pues antes tuvo que recorrer un sendero en el que trabajar se llegó a convertir en un peso que no le correspondía cargar.

“Mi camino profesional ha tenido muchas curvas, no ha sido el camino usual. Estuve ocho años en la industria de productos de consumo. Después hice estudios de posgrado durante siete años y ahora llevo 10 años trabajando en la industria farmacéutica”, expresó Franco.

El camino al éxito pasa por la frustración

Gabriela, en 1994, egresó con mención honorífica de la carrera de Ingeniería Química y de Sistemas (IQS), del Tecnológico de Monterrey. Trabajó en Procter & Gamble, en México y Venezuela, de 1995 a 2003.  Después siguió con sus estudios de posgrado que culminaron con una doctorado en inmunología en la Universidad de Amsterdam, en Holanda.

Terminé con una crisis existencial a los 30 años de edad. Mi trabajo (el de Procter & Gamble) me aburría mucho. No tenía interés en seguir ahí, pero tampoco me podía dar el lujo de dejar de trabajar. Tuve que tomar la crisis en serio, tuve que aceptar la frustración. Siempre me había ido muy bien (en el Tec), entonces me daba mucho coraje y no entendía porque estaba mal”, platicó esta especialista en inmunología.

Antes de tomar la decisión de dejar Procter & Gamble, tuvo que acudir a un psicólogo porque tenía terror de dejar de recibir un salario.

“Controlar estos sentimientos negativos me costó mucho, pero fue necesario para hacer finalmente una introspección y realmente entender cómo había llegado a esa situación”.

Gabriela fue una estudiante destacada no solamente en la universidad y el posgrado, sino también en la primaria, la secundaria y la preparatoria. Ella siempre fue una alumna de dieces.

“Tuve la oportunidad de ingresar en una de las mejores universidades de México (el Tec de Monterrey), estudié una carrera prestigiosa, conseguí muy buen trabajo, muy bien pagado, en una buena compañía, pero cuando reflexioné en retrospectiva me di cuenta de que yo siempre había escogido lo mejor, pero lo mejor no era lo que realmente me interesaba. Debo decir que hasta graduarme todo iba muy bien, porque me consta que una buena educación es fundamental”.

El momento “eureka” ocurrió cuando Gabriela recordó que desde niña le había gustado mucho la biología, pero pero no la había elegido como carrera porque en ese momento no había una licenciatura en biología en el Tec.

Entonces concluyó que no le había hecho caso completamente a su verdadera vocación. Por esta razón, decidió dejar Procter & Gamble, con el fin de realizar estudios de posgrado orientados a la biología.

Gabriela también recordó que, después de haber terminado la preparatoria, había pensado en estudiar medicina, carrera más afín a la biología y que sí estaba en Monterrey; sin embargo, las ansias de tener un sueldo pronto la llevaron por el camino de la ingeniería.

“La carrera de medicina era muy larga y en ese momento yo tenía mucha prisa por ser independiente económicamente, entonces no tuve la paciencia para estudiarla”.

Cuando logró aclarar sus ideas, pudo verse en ellas, como en aguas tranquilas que por años habían estado revueltas. Ahí se dio cuenta de que no necesariamente su meta en la vida era trabajar en una compañía famosa y con un gran sueldo.

“Lo que quería realmente era un trabajo que me motivara y me inspirara todos los días hasta que pudiera retirarme. Aún tengo muchos amigos de Procter & Gamble, una compañía fabulosa, pero esto tiene que interesarte, tiene que tocarte, y ése no era mi caso”.

La trayectoria profesional de Gabriela nunca fue línea recta, sino repleta de curvas, pero nunca se estampó contra ellas. Supo cómo recorrerlas y salir de ellas hasta que por fin pudo encontrar su verdadero camino, donde lleva 10 años trabajando y piensa permanecer hasta el retiro.

Ella finalmente encontró el verdadero propósito de su vida en un laboratorio de desarrollo de vacunas contra la Covid-19.