Oliver Atom le ayuda a los niños
Esta escuela es una gran alternativa para el 'quédate en casa'. (Foto. Cartoon Network)

La voz de Oliver Atom es de una mujer mexicana: Elsa Covián Iturriaga. Ella dobló al español al famoso protagonista de Los Supercampeones, caricatura japonesa de los años 90. Y ahora es maestra de doblaje de pequeños estudiantes, de entre siete y 16 años de edad.

En entrevista para Tec Review, comenta que, sobre todo en estos tiempos en que según datos de la UNICEF, el 99 % de los infantes menores de 18 años del mundo (2,340 millones) vive en alguno de los países donde se han aplicado restricciones por la Covid-19, el doblaje se convierte en una disciplina que brinda temple a los niños. Es también una actividad para afrontar de manera más fructífera la instrucción de “mejor quédate en casa”.

Comunicar sus emociones

Covián es cofundadora de la Escuela de Doblaje y Locución Toni Rodríguez, donde se forma en línea a los pequeños en el arte de hacer las voces de personajes de películas, series y caricaturas.

“En la escuela también enseñamos a los niños a perder el miedo de hablar en público, a tener más vocabulario y a ganar confianza en ellos mismos. Trabajar con la voz implica destrabar obstrucciones que como seres humanos vamos desarrollando por cuestiones emocionales. Si somos inseguros o tímidos o si no tenemos mucha estructura para organizar nuestras ideas, se refleja en la voz”, platica Covián Iturriaga.

Oliver Atom le ayuda a los niños
(Foto: Elsa Covián)

El plan de estudios es de siete meses de formación básica más especializaciones de, por ejemplo, doblaje de canciones o de personajes de videojuegos. En total, un niño puede completar estos estudios en poco más de un año, lo cual le da las tablas para comenzar profesionalmente en el oficio del doblaje. El costo de la mensualidad es de 2,399 pesos.

“El doblaje desarrolla muchas habilidades comunicativas en los niños, independientemente de que quieran hacerlo de manera profesional o no. Tienen que desarrollar una enorme capacidad de concentración, porque nadie que haga doblaje puede estar distraído, y esto obviamente a los niños en cualquiera de de sus otras actividades escolares les sirve muchísimo”, comenta esta profesora.

Lo ideal es que los pequeños comiencen a partir de los siete u ocho años, que es cuando ya tienen mucho mejor estructurada su lectura y cuentan con la suficiente madurez para entender la diferencia entre la fantasía y la realidad.

“Esto porque los niños muy chiquitos piensan que el personaje que ven en la caricatura existe como tal y habla así. Un poco más grandes ya pueden entender que en realidad hay un actor que interpreta la voz del personaje. En ese momento es cuando les puede interesar hacer doblaje”, precisa Covián.

Elsa tiene más de 30 años de experiencia en este oficio. No solamente ha doblado a Oliver Atom, de Los Supercampeones, sino también a Brenda, de Beverly Hills 90210; Baby Bop, de Barney; Pablo, de los Backyardigans; y Rarity, de My Little Pony. También ha hecho el doblaje de Winona Ryder, en algunas películas.

Covián cuenta que la forma de hablar de los mexicanos llegó a toda América Latina a través de la la estación de radio XEW, desde 1930. A partir de entonces la región se acostumbró al acento de México.

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El mejor doblaje de América Latina

Cuando comenzó el proyecto de hacer doblaje de películas por parte de las productoras de Estados Unidos, poco después de que terminara la Segunda Guerra Mundial, se pensó en México como el país donde se tenía que hacer este trabajo, porque el público latinoamericano ya estaba familiarizado con el tono de voz de los mexicanos.

“Los mexicanos hablamos muy bien, pronunciamos todas las letras, entonces también por esto se pensó que era una buena opción apoyar el doblaje hecho en México”, aclara la mujer que dio voz a Oliver Atom.

Aunque hay otros países que en América Latina hacen doblaje, como Argentina, Chile o Venezuela, todos ellos tratan de emular al doblaje mexicano, de acuerdo con Covián.

“Primero necesitan aprender a hablar neutro, que es un poco imitar nuestro acento para poder hacer un doblaje que cumpla con los estándares internacionales, porque el doblaje por definición es un material de exportación. El mejor doblaje de español latino se hace en México”.

Esta idea de superioridad nacional en el arte del doblaje es transmitida por Covián a sus pequeños alumnos, quienes se sienten aún más motivados cuando se enteran de que están siendo partícipes de algo grande, de trascendencia internacional.

“Se lo hacemos ver a los niños y les decimos que están empezando a formar parte de este mundo del doblaje mexicano, entonces esto les hace tomar las clases con muchísimo entusiasmo”.

Doblar es como meditar

La supremacía del doblaje mexicano también es señalada en entrevista para Tec Review por Alan Sefchovich Sissa, director de AudioExpertos, agencia de locutores y actores de doblaje, y pone el siguiente ejemplo.

“México es un exportador a nivel Latinoamérica de doblaje. Lo vimos con el doblaje de Los Simpson, que ha sido el más famoso, incluso ha sido más famoso que la versión en inglés”, afirma.

Este talento mexicano dice que comenzó por puro gusto en este arte desde que tenía siete años de edad. “Entonces hablaba como si yo fuera un locutor, como si tuviera mi programa de radio, hacía distintas voces, y me grababa en una grabadora de cassettes. Esto me duró muchos años y obviamente lo fui perfeccionando”.

Doblar, según Sefchovich Sissa, produce la misma sensación de actuar, porque se trata de personificar a alguien que no eres, de tenerlo en la mente, de imaginar cómo debe de hablar, cómo camina, cómo mira, cómo come. Es crear un nuevo ser mediante la voz.

“En el doblaje tienes que salirte de ti mismo, de todo lo que te está rodeando en el momento y de lo que tú eres para entrar entonces a la cabeza del personaje y volverte él”.

Para poder mantener en el tiempo esta intención interpretativa, es preciso asimilar cabalmente la voz del personaje. En términos poéticos, es como echarse un clavado a las profundidades de su alma y quedarse ahí, buceando, un buen rato, sin permiso de emerger a la superficie.

“Y en el momento en que te metes hasta dentro del personaje y entiendes su voz, es cuando el doblaje se vuelve muy terapéutico y se convierte en un tipo de meditación”, concluye Sefchovich.