responsabilidad social medioambiental en las empresas
La sostenibilidad implica el negocio, el beneficio social y el impacto ecológico positivo. (Foto: iStock)

El capital es el fin último de las empresas, pero no el único. En lugar de pensar solamente en una línea recta, cuyos extremos son la inversión y la plusvalía, es mejor imaginar un punto donde coinciden tres líneas: las ganancias, el beneficio social y el impacto ecológico positivo. Te explicamos las aristas de ¿cómo alcanzar una responsabilidad social medioambiental en las empresas?

Es nueva manera de pensar en negocios: un solo proyecto y tres direcciones al mismo tiempo.

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Responsabilidad social medioambiental en las empresas

“Sostenibilidad” es la traducción más común al castellano de sustainability, término anglosajón.

Hay ocasiones en que también se ha hecho la equivalencia con “sustentabilidad”. Se pueden usar ambas formas, mientras se tenga en cuenta siempre la estructura tripartita de la definición, de acuerdo con Christiane Andrea Molina Brockmann, directora del Centro de Empresas Conscientes para un Futuro Sostenible, del Tecnológico de Monterrey.

“Empieza a importar cómo le llames cuando se deja de hacer una de las tres cosas que la componen. La clave para una empresa está en buscar este impacto a través de las actividades que se relacionen con su actividad principal, con su negocio principal”, dice en entrevista para Tec Review, Molina Brockmann.

Si una empresa se dedica a la construcción, en lugar de donar el dinero a un hospital que se quiere construir, puede dar mano de obra o especialistas que supervisen la obra. “Esto cuesta menos y se generaría el mismo impacto que con solamente dar dinero”, explica esta académica.

Otro ejemplo, según Molina, es el de una empresa productora de pastas dentales que, en vez de poner en caja cada uno de sus productos, simplemente les pone un sello en las tapas, para garantizar al público que no han sido abiertos. Esto implica un menos uso de cartón y, por tanto, menos tala de árboles.

“No hay que buscar otras cosas que no están asociadas a la empresa, porque va a costar más dinero lograr el mismo impacto”, reitera.

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México, muy lejos del nivel de los países escandinavos

El Índice de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para América Latina y el Caribe, de 2019, midió 24 países de la región, y los resultados fueron los siguientes:

México ocupó el octavo lugar, detrás de Brasil, Perú, Argentina, Ecuador, Costa Rica, Uruguay y Chile, el primer lugar. Sin embargo, obtuvo un mejor lugar que Colombia y Bolivia, noveno y décimo, respectivamente.

Mientras que a nivel mundial, México ocupa el lugar 69, lejos de Suecia, Dinamarca y Finlandia, primero, segundo y tercero, respectivamente.

“La sostenibilidad es un proceso complejo. No se puede lograr si no hay una colaboración de gobierno, empresas privadas, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos, cada uno tiene su papel. Muchas de sus metas son a largo plazo”, platica esta experta del Tec de Monterrey.

Ella afirma que no conviene acelerar este proceso de transformación, descuidando las finanzas de la empresa. “Sería irresponsable olvidarse de la rentabilidad, porque muchos trabajos dependen de las compañías, también de los proveedores, es una cadena de entidades interconectadas entre sí”.

También, aclara que no se debe de ver mal que una empresa siga siendo rentable, porque lo importante es que cada vez sea mejor, que gradualmente haga más cosas por la comunidad y el ambiente, para que no se descapitalice por alcanzar rápida y cabalmente la estructura tripartita de la sostenibilidad.

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Tres compañías ejemplares

Molina pone como ejemplo a Bimbo, panificadora mexicana que decidió convertir en eléctrica su flotilla de camiones repartidores, en lugar de que siguiera siendo alimentada por gasolina. O también Xcaret, parque ecoturístico ubicado en Playa del Carmen, Quintana Roo, el cual hace labor social en pueblos aledaños.

“Tiene un taller en el que se enseña costura a las mujeres de las comunidades cercanas, también hace un concurso de quienes pintan mejor la fachada de su casa, y así se promueve que la gente cuide más su hogar”, expresa.

Esta experta en sostenibilidad resalta el caso de Alpha Hardin, compañía mexicana dedicada al interiorismo de corporativos, la cual a través del programa “Crece con la obra” ayuda a los obreros a que concluyan la primaria, la secundaria o el bachillerato, en colaboración con la Secretaría de Educación Pública (SEP).

“Es una alianza que no es costosa, la inversión es prácticamente nula”, precisa.

Este último caso es muestra de la sinergia virtuosa que puede cristalizarse entre iniciativa privada y gobierno, en beneficio de la sociedad.

Molina concluye que en México hace falta mucha imaginación para lograr que todas las compañías se definan al 100 % según el lucro, el beneficio social y el impacto ecológico positivo, los tres caminos de la sostenibilidad empresarial.