Galileo nunca dijo y sin embargo se mueve
Galileo en el juicio. (Foto: iStock)

Galileo Galilei fue puesto en el banquillo de los acusados en 1633. Frente al tribunal del Santo Oficio, en Roma, Italia, se retractó de siquiera sugerir que la Tierra no está inmóvil en el centro del universo.

Después de su abjuración, la leyenda cuenta que Galileo, en voz baja y con la mirada baja, dijo: “y sin embargo se mueve”. Este último dicho no cuenta con respaldo histórico.

“No hay ninguna forma de comprobar que realmente dijo eso, ni siquiera con base en los escritos del juicio”, dice en entrevista para Tec Review, Camilo Camhaji García, matemático y especialista en filosofía de la ciencia, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El gran físico renacentista recibió la venia del papa Urbano VIII, su amigo, de escribir Diálogo sobre los dos sistemas máximos del mundo, libro publicado un año antes del juicio. Galileo había prometido al máximo pontífice que en esta obra no iba a defender la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico (1473-1543), quien además de astrónomo fue sacerdote católico; sin embargo, sí lo hizo.

En dicho diálogo aparecen tres personajes: Salviati, defensor del sistema copernicano, quien representa el punto de vista de Galileo; Sagredo, quien no toma partido y funge como mediador; y Simplicio, quien está en contra del sistema copernicano y confía en el esquema geocéntrico de Claudio Ptolomeo, astrónomo del año 100 d.C.

“En el libro las explicaciones de Salviati siempre son más extensas que las de Simplicio, de tal manera que es una discusión abrumadoramente ganadora para quien tiene la voz de Galileo”, expresa Camhaji García.

La presentación del texto como diálogo sirve para evitar tomar partido explícitamente, ya que no se declara triunfador a ninguno de los personajes. “En esta obra, Galileo expone los dos sistemas, aunque claramente apoya más al copernicano”, platica este especialista.

Camhaji agrega que si Galilei nada más hubiera desarrollado en el libro el sistema copernicano, habría tenido todavía más problemas con el Santo Oficio.

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Lo evidente no siempre es verdad

El problema de fondo está en el surgimiento de una nueva física que no estaba completamente basada en la percepción sensorial. En aquel tiempo se sostenía como verdad solamente lo evidente: la Tierra está fija y el Sol se traslada del Oriente al Poniente. No obstante, el razonamiento matemático defendido por Galileo no era evidente.

“Aún hoy están los terraplanistas que defienden el sistema ptolemaico, en que la Tierra no se mueve. Ellos no niegan la matemática per se, pero sí la física de razonamiento matemático. Ellos piensan que la física está gobernada solamente por los cinco sentidos”, asevera este científico de la UNAM.

Después del juicio en Roma, Galileo viaja a Pisa, su ciudad natal, donde pasa los últimos años de su vida. Ahí escribió Diálogo acerca de dos nuevas ciencias, obra protagonizada otra vez por Salviati, Sagredo y Simplicio, quienes ahora no debaten sobre si la Tierra se mueve o no se mueve.

Este diálogo fue publicado en 1638, cuatro años antes de la muerte de su autor. María Celeste, hija de Galileo, ayudó a la edición final del texto, dado que a su padre ya se le dificultaba mucho hacer esta labor porque casi había perdido la vista a raíz de su costumbre de observar directamente el Sol mediante telescopio.

“María Celeste era monja católica y en el convento donde vivía hizo las últimas correcciones al texto de su padre”, afirma Camhaji.

En esta última obra expone no solo el trasfondo geométrico de la estática y la dinámica (dos nuevas ciencias en aquella época), sino también el de las leyes del movimiento acelerado, retomado décadas después por Isaac Newton, quien nace en 1642, año en que fallece Galileo Galilei. Respecto de él y Nicolás Copérnico, el descubridor de la ley de la gravitación universal dijo lo siguiente:

“Si he llegado a ver más lejos que otros es porque me subí a hombros de gigantes”.