Pacientes empeoran su situación por desistir de las consultas. (Foto: Cortesía)

La famosa recomendación “quédate en casa” no debería asumirse de manera dogmática en el caso de los pacientes con enfermedades crónico degenerativas, cuya mejoría depende de ir regularmente a consulta presencial con un médico.

Sin embargo, el pánico al nuevo coronavirus ha provocado que pacientes del Hospital de la Ceguera, en la Ciudad de México, con enfermedades de base como diabetes o hipertensión, sufran un deterioro aún mayor en sus ojos.

Ana Mercedes García Albisua, jefa de enseñanza de dicho hospital, explica la situación, en entrevista para Tec Review, y comenta pormenores sobre este peligroso escenario de salud.

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De 2000 a 200 pacientes por día

“Al principio los médicos creíamos que era suficiente con consultas virtuales, pero después de meses de estar viviendo esta pandemia nos damos cuenta de que muchos pacientes han dejado de ir a consultas presenciales. Esto ha agravado sus condiciones previas o incluso a empeorado su pronóstico”, expresa.

Es importante recordar que las enfermedades crónico degenerativas son unas de las primeras causas de muerte en adultos mayores en el mundo. Haber descuidado el tratamiento de estas enfermedades, por miedo al SARS-CoV-2, es un problema que apenas está comenzando a ser afrontado.

“Somos 200 médicos en el hospital, la mayoría oftalmólogos. Normalmente veíamos a 2,000 pacientes al día. En los meses de abril y mayo estuvimos atendiendo diariamente alrededor de 200 pacientes nada más. Esto ha ido aumentando un poco y ahora estamos en el 50 % de pacientes que atendíamos antes de la pandemia”, explica García Albisua.

Durante abril, mayo y junio, de acuerdo con esta experta, también se estuvo dando atención por teléfono; pero no dio buenos resultados.

“Hemos descubierto que no es la mejor opción y sí es importante revisar al paciente porque se tiene que ver cómo está el ojo y esto, desafortunadamente, no puede hacerse vía telefónica”, aclara.

En el Hospital de la Ceguera también se ha probado brindar consulta mediante videoconferencia, pero tampoco ha sido la solución.

“Lo hemos intentado hacer por zoom, pero la presión intraocular no se puede medir por zoom, tampoco la retina puede verse por zoom. Entonces se vuelve una consulta muy deficiente”, platica García.

Esta especialista recomienda no dejar pasar las revisiones –sobre todo– si ya hay un diagnóstico previo de alguna enfermedad sistémica que afecta los ojos. Si no, los pacientes suelen sufrir graves consecuencias.

“Ahora nos ha tocado ver a personas con más complicaciones a causa de que no han ido a las consultas durante la pandemia”, precisa.

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Las complejidades de la diabetes y la hipertensión

Una alteración que los pacientes con diabetes pueden tener en los ojos se llama edema macular.

“A estos pacientes hay que inyectarles un medicamento que hace que el líquido de la retina se absorba, cada cuatro o seis semanas. Entonces, quienes no han ido a sus consultas, después de este tiempo, estamos viendo el pronóstico se ha vuelto peor: en algunos casos hay cicatrices en los ojos que ya no podemos quitar”, cuenta la experta.

En los diabéticos el área de mejor visión del ojo suele llenarse de líquido, el cual se quita con inyecciones intravítreas. Cuando no se cumple con este tratamiento, se hacen cicatrices en el globo ocular, lo cual deteriora aún más la visión, de acuerdo con García.

“Hay otra enfermedad degenerativa de los ojos que se llama glaucoma, en este caso la presión intraocular normalmente es elevada y entonces los pacientes necesitan ponerse gotas para bajar la presión”.

“La revisión es cada tres o cuatro meses. Muchas personas han dejado pasar sus citas sin saber si deben seguirse poniendo el mismo medicamento o no, entonces se les ha subido mucho la presión y ahora nos están llegando pacientes muy complicados que a lo mejor en otros momentos hubiera sido mucho más fácil tratar y ahora ya tienen algunas secuelas irreversibles”, expone García.

Ana Mercedes comparte que al principio en el hospital se creía que la situación irregular iba a durar unos dos o tres meses y que después de ese lapso se iba poder regresar a la normalidad.

Desafortunadamente no ha ocurrido así, puesto que el semáforo sigue en naranja y, por lo menos en la Ciudad de México, está más cerca de subir a rojo que de bajar a amarillo.