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Te explicamos en voz de los afectados qué pasó con el Fondo de Salud (Foto: iStock)

Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República se aprobaron modificaciones a la Ley General de Salud. Con esto, se permite que los 33,000 millones de pesos del Fondo para el Bienestar –antes conocido como Fondo de Gastos Catastróficos– pasen al flujo de la Tesorería. El argumento: con esos recursos se comprarán las vacunas contra la Covid-19.

Ante esta acción, grupos de la sociedad civil y de la academia ha manifestado su preocupación porque con este fondo se atendían 66 enfermedades, principalmente cánceres e infectocontagiosas como VIH/SIDA.

Por ello, en Tec Review nos dimos a la tarea de hablar con estos grupos para conocer los impactos que se podrían tener derivado de las modificaciones a la Ley General de Salud, así como las opciones que se exploran para no dejar desamparados a quienes recibían sus tratamientos gracias a este fondo.

Aunque se podría afirmar que solo hubo pérdidas resultado de los cambios a la Ley General de Salud, la realidad es que los pacientes con VIH/SIDA lograron –resultado de sus protestas– que a partir del 1 de diciembre tengan garantizados servicios hospitalarios de tercer nivel.

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Una mejor previsión

Desde su origen en 2004, el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos era parte del Sistema de Protección Social en Salud, a través del cual se otorgaban servicios médicos de alta especialidad a los beneficiarios del extinto Seguro Popular quienes padecían enfermedades de alto costo y que su tratamiento ponía en riesgo su vida y su patrimonio familiar.

Con la desaparición del Seguro Popular y la puesta en marcha del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), el Fondo de Salud para el Bienestar absorbió los recursos del Fondo de Salud de Gastos Catastróficos, sin embargo, estos recursos durante el 2020 no se ejercieron.

Como parte de las estrategias para enfrentar la crisis sanitaria por la Covid-19, se presentó una propuesta para reorientar los recursos de este fondo, prioritariamente en la adquisición de vacunas contra el virus.

“Este fondo se generó cuando estaba el Seguro Popular como una manera de poder dar esos gastos para los más pobres, quienes tengan un seguro de gastos médicos mayores pueden hacerle frente hasta cierto grado, pero para alguien pobre es imposible. Los recursos que no se utilizaban se reinvertían para generar un mayor colchón”, explica en entrevista el investigador y miembro de la Red ProCiencia, David Romero.

“Era un sistema razonable, pero en este momento toman la decisión (de desaparecerlo) alegando que se necesita para atender los problemas relacionados por la Covid-19 –que ciertamente son nutridos en términos económicos–, pero no se asemejan en nada en el daño humano que van a causar al negar esos recursos en la atención de enfermedades más graves”.

De acuerdo con el investigador, si la intención de las autoridades federales es no dejar desprotegidos a los beneficiarios del fondo, se hubiera hecho una previsión en el proyecto de Presupuesto de Egresos del 2021, pero en el documento que ya analizan los diputados no se hace referencia alguna.

Otra de las críticas que se hace a esta decisión es la falta de certidumbre sobre el fin último de los recursos del fondo.

Al estar en el gasto corriente deben gastarse en el año fiscal, o de lo contrario deberán reasignarse como parte del nuevo presupuesto.

“En la práctica, ese dinero va a ser consumido para los intereses que el gobierno tenga a bien considerar prioritarios y posteriormente se buscará cómo solventar las necesidades que cubría el fondo de salud. Ya hemos visto esta película antes y lo que pasará es que ese dinero no va a estar en la cantidad ni en la oportunidad necesaria”, reprochó Romero.

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¿Para vacunas?

Que los 33,000 millones de pesos que tenía el Fondo de Salud para el Bienestar sean utilizado para la compra de vacunas contra la Covid-19 depende del cumplimiento en un artículo transitorio que acompaña a la modificación a la Ley General de Salud.

“Lo único que se consigna es un artículo transitorio de que los recursos se utilizaran prioritariamente a la atención de Covid-19, pero no hay una garantía”, alerta el académico.

La necesidad de recursos económicos para hacer frente a la crisis sanitaria es indudable, sin embargo, con los recursos captados tras la extinción de los fideicomisos se podría tener el dinero necesario para garantizar el abasto de vacuna contra el virus una vez que ésta esté lista.

“De que se requiere dinero, no lo discuto, claro que se requieren recursos adicionales para hacer frente a esto y a otras consecuencias sociales y económicas que va a tener la pandemia, pero sí creo que un gobierno pretendidamente de izquierda debería haber pensado primero en el bienestar de los ciudadanos y buscar otras maneras, las cuales seguramente iban a transitar por el indeseable (campo) de los impuestos”, concluyó el académico.

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Entrevistada por separado, Brenda Valderrama, presidenta de la Academia de Ciencias de Morelos, coincidió que reorientar los recursos del Fondo de Salud para el Bienestar resultaba incensario por dos razones: porque se busca atender una necesidad desatendiendo otra y porque si lo que se busca es dinero, con la desaparición de los fideicomisos de ciencia –y otros más– hubiera alcanzado para comprar las vacunas.

Para dimensionar el impacto en la desaparición de distintos fondos, la experta explicó:

“Comprar la vacuna de Pfizer para todos los mexicanos a un costo de 40 dólares por persona (pensando que se necesitarían dos dosis) costaría 96 mil millones de pesos. La desaparición de los 91 fideicomisos liberó, en teoría, 68,000 millones de pesos. (Además), el Fideicomiso para Administrar la Contraprestación del Articulo 16 de la Ley Aduanera que estaba en la lista original y el cual retiraron, cuenta con al menos 65,000 millones de pesos. No era necesario desmantelar el fondo de enfermedades catastróficas”.

Paralelamente, recalcó, esta decisión en caso de contingencia mantiene atado de manos al Gobierno federal porque no necesariamente se podría solventar con los gastos fijos.

Quién también criticó la reorientación al Fondo de Salud para el Bienestar fue Rogelio Gómez, coordinador de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

De acuerdo con el miembro de la sociedad civil, este fondo era de lo poco que en verdad funcionaba porque en amplio sentido operaba como un seguro.

“La verdad es que no hay justificación de jalar la cobija del sector salud para supuestamente destinarlo de nuevo al sector salud, pero regresándole primero el dinero a Hacienda, pues no es más que una maniobra financiera para cubrir boquetes para más opacidad y más discrecionalidad”, señaló Gómez.

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Los afectados

En contraparte, los directamente afectados como lo son los pacientes de VIH/SIDA y Cáncer, aunque reprocharon la medida, dejaron claro que no pararán en su lucha para que se les garantice atención prioritaria.

Algunos de ellos, por ejemplo, los pacientes de VIH/SIDA, y luego de amagar con dar portazo en el Senado, lograron mesas de trabajo en la que se acordó que se les garantizaría la atención hospitalaria.

“Con la buena noticia que a partir del 1 de diciembre las personas con VIH que no tenemos seguridad social ya tenemos garantizada la atención de tercer nivel y en institutos especializados. Era un tema que ya se venía trabajando y solo necesitaba un empujón y que ahora salió a raíz de la protesta y golpeteo”, reveló Alaín Pinzón, director de VIHveLibre.

En entrevista, el activista lamentó la necedad de la mayoría legislativa que tiene Morena de no escuchar a las personas que trataron de buscar un diálogo. Una actitud que en reiteradas ocasiones se ha manifestado.

Durante la discusión del dictamen se rechazaron todas las reservas que tenía la oposición, algunas de ellas que habían sido propuestas por la sociedad civil.

En el tema específico de VIH, explicó, estaban muy claros que ni los medicamentos ni la atención salían del Fondo de Salud para el Bienestar, pues el dinero para los medicamentos se presupuesta y se hace una compra multianual, por lo que confiaron que como cada año estos recursos estén presupuestados.

“Lo que sí estábamos viendo es que de ese Fondo del Bienestar sí se cubrían 26 padecimientos relacionados con VIH y SIDA. Esos 26 padecimientos tienen que ver con problemáticas muy relacionadas a la etapa de SIDA y también algún tipo de cáncer que puede ser desarrollado en la etapa de SIDA o propia del VIH”, agregó.

Luego de protestar afuera del Senado, una comisión los recibió para “escuchar” sus demandas, sin embargo, los senadores insistían que el dinero de ese fondo era ocioso. Mientras, los activistas exigían que ese dinero se ocupara para garantizarles el servicio hospitalario.

Así entonces, celebró Pinzón, es que resultado de varias mesas de trabajo con el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH y sida (Censida) y con la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (Ccinshae), se les informó que a partir del 1 de enero todos los pacientes de VIH/SIDA podrán recibir atención hospitalaria de tercer nivel sin ningún costo.

“Aunque nos quitaron el fondo, la verdad que ganamos porque logramos que nos garanticen atención hospitalaria a quienes tenemos Insabi”, concluyó el activista.

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Mayra Galindo, directora de la Asociación Mexicana de Lucha Contra el Cáncer, expuso que tras la modificación al Fondo de Salud para el Bienestar, el sentimiento que experimenta no es más que de frustración porque “ese fondo había sido el colchón que se había ido reforzando para que todos los tipos de cáncer y las otras patologías pudieran tener esta protección”, comenta. Todo ello con una proyección a 20 años.

“No nada más es frustrante, sino que además sentimos que nos mienten y ahora ni nos responden. Hemos tocado la puerta del Insabi para saber cómo van a caminar las cosas y en realidad no sabemos y ni siquiera ellos saben”, lamentó.

Este año a los tipos de cáncer que cubría este fondo se pensaba sumar el de pulmón y los hematológicos, sin embargo, este plan ha quedado frenado porque de momento se desconoce cómo se continuará el tratamiento a los otros tipos de cánceres que desde hace al menos 15 años se trataban con los recursos de este fondo.

“Andan buscando dinero por todos lados y realmente no les importa la salud”, soltó la también representante de la Asociación Juntos Contra el Cáncer.

Es cierto, aceptó, que no era el seguro popular perfecto porque a veces se tenía que peregrinar para encontrar los hospitales que tuvieran la autorización e infraestructura para atender a los pacientes, pero sí había ayudado a muchas personas.

Ahora, sostuvo, no queda más que seguir luchando como se ha hecho a lo largo de los años a fin de no dejar desamparados a los pacientes con cáncer.

Promover mayores impuestos al cigarro, alcohol y bebidas azucaradas será su primer movimiento.

“Seguiremos insistiendo para que se encuentren fuentes alternativas de finamiento y siempre hemos visto que el impuesto al cigarro, alcohol, y a las bebidas azucaradas puede ser una fuente de financiamiento alternativa para reponer estos recursos (…) porque cuando las personas ven cuánto les cuesta el medicamento, simplemente se regresan a su casa a morir”.