isaac newton y la alquimia
Te contamos sobre una faceta que tal vez no conocías del físico. (Foto: iStock)

Entre calderos de cobre, Isaac Newton (uno de los más apasionados buscadores de la verdad), hacía mezclas de sustancias humeantes. Meticulosamente tomaba apuntes en papeles que casi tres siglos después, en la primera mitad del siglo XX, fueron comprados en una subasta por John Maynard Keynes. 

El economista británico dijo sobre aquel hombre lo siguiente:

“Fue el último de los magos, el último de los babilonios y los sumerios, la última gran mente que contempló el mundo visible e intelectual con los mismos ojos de aquellos que empezaron a edificar nuestra herencia intelectual hace poco menos de 10,000 años”.

Ahora se sabe que aquel alquimista había dedicado más de tres décadas de su vida a los experimentos cuyos resultados estaban registrados en los papeles subastados, los cuales cuentan con una extensión mayor a la de su obra mundialmente conocida.

Se trata del autodenominado Jeova Sanctus Unus, seudónimo con el que firmaba sus escritos de alquimia, y cuyo nombre real fue Isaac Newton, el descubridor de la ley de la gravitación universal. 

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El admirador del rey Salomón

“Esta faceta de Newton suele ser desconocida. Su nombre de alquimista era Jeova Sanctus Unus, que es una derivación de Isaacus Newtonus, nombre en latín del genio de la física”, comenta en entrevista para Tec Review, Camilo Camhaji García, especialista en filosofía de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En los escritos firmados por Jeova Sanctus Unus, de acuerdo con este experto, se describen procesos de transmutación de la materia (de plomo en oro, por ejemplo), en términos de cuatro elementos principales: tierra, agua, aire y fuego, además de la búsqueda del quinto elemento en un sentido espiritual.

En un escrito de 1669 firmado por Jeova Sanctus Unus, se lee lo siguiente: “La alquimia no trata con los metales como piensan los vulgares ignorantes, cuyo error les ha hecho despreciar esa noble ciencia; sino también con las venas materiales de cuya naturaleza Dios creó a sus servidores para que concibieran y procesaran a sus criaturas…”

“Esta filosofía a la vez especulativa y activa no sólo puede hallarse en el volumen de la naturaleza sino también en las Sagradas Escrituras (…) En el conocimiento de esta filosofía hizo Dios a Salomón el más grande filósofo del mundo”.

En el contexto alquimista es preciso tener mucho en cuenta la religiosidad que en Newton estaba muy arraigada desde la niñez.

“Su papá muere antes de que Newton naciera y, además, creció sin su mamá. Fue educado por su tío y el mayordomo de la hacienda donde vivió, ambas personas muy religiosas”, expresa Camhaji García.

Newton fue heterodoxo en cuestiones de fe, pues negó el dogma de la Trinidad, de acuerdo con Camhaji, quien también explica que en parte por esto nunca aceptó ser director del Trinity College (uno de los institutos educativos con más prestigio del mundo hasta la fecha), que como su nombre lo indica fue erigido en honor de la Trinidad. Él, contrario a su formación anglicana, creía en un Dios uno, pero no trino.

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La pseudociencia actual era verdadera ciencia

Al genio de la física le tocó vivir tiempos en que se afirmaba la existencia de sustancias como el flogisto, relacionado con la oxidación; el calórico, asociado con la transmisión del calor; y el éter, igual al pretendido relleno de todos los espacios vacíos del universo.

De estas entelequias la ciencia moderna afirma que en realidad no existen, pero reconoce que fueron modelos explicativos válidos del esquema teórico aceptado en aquellos tiempos.

“Se trata de sustancias que no tienen una masa medible, pero que se les atribuía efectos en los procesos naturales estudiados por la ciencia”, detalla Camhaji.

Newton consideraba que sus estudios metafísicos lo hacían aún más científico. Esto porque la pretendida batalla entre religión y ciencia no existía en su época.

“Había una diferenciación entre los estudios que Newton hizo en apoyo a científicos precontemporáneos como Galileo o Descartes y los otros estudios que hizo de alquimia, pero no había una contraposición como la que se interpretaría a partir de mediados del siglo XX”, señala este especialista de la UNAM.

Es crucial aclarar que al ilustre científico inglés, nacido en 1643 y fallecido en 1727, no le tocó presenciar el nacimiento de la química moderna, pues su fundador, Antoine-Laurent de Lavoisier, nació poco después, en 1743. Entonces para Newton la alquimia era una disciplina tan digna como la física.

Por esto, aunque en términos de física Newton ya había roto en gran medida con las ideas aristotélicas, en el campo de la alquimia no se dio este rompimiento.

“Newton bateaba para todos lados, en términos físicos para el lado de Copérnico, pero para el lado alquímico bateaba para el lado de Aristóteles. Además, en esa época aún no había pruebas para negar la existencia de los cuatro elementos. Actualmente ya se sabe que son más de 100 y aquellos cuatro no están incluidos en la tabla periódica”, concluye Camhaji.

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