humanizar mascotas
Para las mascotas es necesaria la socialización y los paseos. (Foto: iStock)

Disponía de más de una decena de sirvientes (quienes lo bañaban y alimentaban), lucía collares de perlas finas y su dueño quiso nombrarlo cónsul del imperio. Fue Incitato, el caballo de carreras predilecto de Calígula, según lo narra Suetonio, historiador del siglo I d.C.

Extravagante era la manera en que el emperador romano trataba al equino. Eran épocas en que a los animales se les llegó a dar privilegios de humanos.

Han pasado casi 2,000 años desde entonces y, actualmente, en México se vuelve a repetir la historia en mascotas que son cuidadas inapropiadamente. Te contamos qué dicen los expertos sobre el tema.

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La proyección de los anhelos

De acuerdo con Luis Daniel Alviso de la Serna, neuropsiquiatra del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez (INNN) en la Ciudad de México, el fenómeno de humanizar a las mascotas es una forma de proyección mediante la que algunas personas están tratando de llenar un vacío en sus vidas.

“Es una conducta de amor excesivo hacia los animales en que no se puede diferenciar entre el ser humano y la mascota”, expresa.

Es así como la gente trata de transferir el afecto a una persona anhelada hacia un animal que tienen a su lado.

“Ciertamente es importante todo el cariño que se le pueda brindar a una mascota, pero intentar pensar que tiene que ser un proceso similar al que se tiene, por ejemplo, con un hijo es una cuestión completamente distinta. Identificar esto muchas veces no va a depender de la persona que lo está experimentando, sino de quienes están alrededor”, explica Alviso de la Serna.

Humanizar a los animales significa no identificar sus necesidades propias. Es no poder discernir el límite entre lo que el dueño quiere para el animal y lo que éste realmente requiere según su naturaleza.

“La humanización de las mascotas no se clasifica como una patología, porque una característica de ésta es que ocasiona una disfunción, la cual no es evidente en las personas que tienen esta conducta”, explica Alviso.

Sin embargo, si son analizadas las necesidades del animal, se percibe que sí hay un problema derivado de una alteración de la conducta de los dueños.

“Entonces es importante hablar con estas personas no tanto para bien de ellas, sino para el bien del animal”, aconseja Alviso.

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¿Perrhijos únicos?

Según Iker Asteinza, médico veterinario y director de Animal Home, hospital para mascotas ubicado en la Ciudad de México, el error más frecuente de los seres humanos es ofrecerles una dieta no balanceada a las mascotas, supuestamente para consentirlas.

“He visto que a perros chihuahuas, que pesan tres kilos, les dan una pierna de pollo, cuando un niño de ocho años queda satisfecho con la misma pieza. Entonces, el peso es totalmente desproporcionado en comparación con el perrito”, dice Asteinza.

También algunos propietarios suelen imaginar que sus perros están tristes y por eso les administran sustancias de uso humano.

“Entonces se ven intoxicaciones con medicinas como ibuprofeno o aspirinas. Esto puede costar hasta la vida de los animales”, advierte este directivo.

Las personas quieren cuidar tanto a sus mascotas que éstas pierden la capacidad de interactuar, por lo cual, cada vez más en consulta se observan perros poco sociables con otras personas o con otros animales, según Asteinza.

“Ocurre algo parecido con los niños que son hijos únicos muy protegidos y cuando van a una fiesta les cuesta trabajo involucrarse con otros niños”, explica.

Por otro lado, el principal factor de sacar a pasear un perro tiene que ver con que éste haga ejercicio y socialice,. Esto se pierde cuando sale a la calle como si fuera un bebé humano.

“Sacar a pasear a un perro en carriola es cumplir un gusto de un propietario que quiere lucir a su perro, pero sin que éste se ejercite ni que nadie interactúe con él. Sin duda, un perro estaría mucho más feliz caminando y olfateando que estando en una carriola”, asevera Asteinza.

Además, esto es inconveniente porque sus patitas necesitan el contacto diario con todo tipo de superficies.

“Llegan a consulta mascotas con las uñas muy largas y enterradas, porque no tienen el desgaste natural y necesario resultado de caminar”, afirma Susana Acosta, experta en cuidado animal del hospital veterinario Kiin.

En cuanto al aseo, lo recomendable, en términos generales, es bañar a los perros una vez cada dos meses, según Acosta.

“Sin embargo, nos ha tocado conocer a propietarios que bañan a diario a sus perros y esto les provoca atopia (inflamación de la piel), alergias y una resequedad tremenda. Esto se debe a que el baño tan seguido rompe la capa lipídica normal y saludable de los perros, que ayuda a evitar que haya infecciones o irritaciones”, explica esta especialista.

De acuerdo con Iker Asteinza, los perros no requieren vestimenta y ésta les puede provocar reacciones como ronchas o comezón, y agrega que ponerle ropa a los perros tiene que ver más con el capricho del dueño que con lo que verdaderamente requieren las mascotas.

“Los perros están acostumbrados a soportar ciertos cambios de temperatura sobre todo en la Ciudad de México, donde el clima es templado y donde ningún perro necesita ningún apoyo extra de ropa”, afirma.

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La gota que derramó el vaso

En la situación actual de pandemia, Asteinza ha observado un mayor número de gatos que han tenido más problemas por estar todo el tiempo en casa con sus dueños.

“La gente que sigue en home office convive más tiempo con sus gatos, pero éstos no están acostumbrados a tanto apapacho ni tanto abrazo. Entonces estamos viendo más casos de felinos con enfermedades relacionadas con el estrés como obstrucción de vías urinarias y comportamientos agresivos”, platica.

Mientras que en el caso de los perros, que sí se sienten muy felices conviviendo con sus amos, ahora que la gente paulatinamente vuelve a trabajar fuera de casa, sucede lo contrario que con los gatos.

“Como estuvieron tantos meses conviviendo día y noche con sus dueños, los perros resienten el cambio y presentan problemas de ansiedad por separación”, comenta Asteinza.

El apego que ciertas personas tienen a sus mascotas es tal que cuando llegan a consulta y, por ejemplo, el veterinario inyecta al perro y por eso chilla, acusan maltrato animal y ponen en tela de juicio la profesionalidad del experto.

“No se dan cuenta de que, así como es normal que algunos niños lloren cuando un médico les inyecta, también ocurre lo mismo con los perros bajo el cuidado del veterinario”, señala el director de Animal Home.

Antropomorfizar a las mascotas implica que los dueños dejan de cumplir su obligación de proveerles la salud, además de que este fenómeno es considerado como “maltrato animal” según estándares internacionales aplicados en hospitales veterinarios de México.

Para estar más en contacto con el público y darles a conocer qué es lo mejor para las mascotas y cómo elegir a un buen veterinario, Asteinza colabora en la creación de la Asociación Mexicana de Hospitales Veterinarios (AMHVET), la cual se espera presentar oficialmente el año próximo.

Él comenta que la AMHVET contribuirá a que en México disminuya el maltrato disfrazado de amor hacia las mascotas. Algo que ha ocurrido por lo menos desde tiempos del emperador Calígula, quien terminó mandando asesinar cruelmente a Incitato porque había perdido el invicto en el hipódromo del imperio.

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