(Foto: Tomada de INCmty)

La inteligencia artificial (IA) no es análoga a un cerebro electrónico que va a terminar apoderándose de la humanidad, sino más bien se parece a un cubo de Rubik armado, de acuerdo con Alex Ramírez, director de cuentas globales estratégicas para CrowdANALYTIX, empresa de análisis de datos.

Al igual que el rompecabezas mecánico tridimensional ideado, en 1974, por el arquitecto húngaro Ernő Rubik, la IA sirve para ordenar datos de manera separada, así como los colores de las caras del famoso juguete.

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“Los datos estructurados de la inteligencia artificial pueden ser comparados con el cubo de Rubik, en el sentido de que se puede saber exactamente dónde está cada atributo de la información y en qué consiste”, explicó Ramírez, durante una conferencia virtual del INCMty.

Él también precisó que esta transformación digital no consiste necesariamente en contar con la última computadora ni en subir todo a la nube, sino más bien se trata de una cultura conducente a la adopción de datos estructurados para el uso de IA en la empresa.

En toda compañía existen datos, ya sean correos electrónicos, hojas de cálculo, imágenes o videos, pero sólo un pequeño porcentaje de ellos suele estar estructurado; es como un cubo de Rubik sin armar.

“A lo mejor esos pocos datos son información repetitiva que viene de sensores y entra en una base de datos que, de alguna manera, ya tiene una estructura. De ahí en fuera no son datos estructurados, por tanto no pueden ser utilizados con inteligencia artificial”, aclaró Ramírez.

A fin de cuentas, el principio de un negocio, independientemente de su tamaño, es que sea rentable, pero el conferencista comentó que aún no hay un convencimiento generalizado de que la IA realmente sirva para cumplir este cometido.

Por lo anterior, se valió del caso de una empresa cementera para ilustrar la conveniencia de la adopción de esta nueva herramienta de ordenamiento de datos.

Un ahorro de millones de dólares

“Pensemos en una planta de cemento, en la cual llega la piedra caliza y luego se pulveriza. ¿Qué pasa si la calidad no es aprobada? Simplemente no pasa el producto y tiene que ser desechado. Es un desperdicio que puede llegar a costar millones de dólares después de meses o años”.

“Aquí la inteligencia artificial sirve para obtener datos y generar modelos predictivos, porque puede ‘aprender’ la historia de manufactura de ese cemento y, después de días o semanas, puede ‘saber’ desde la entrada del producto primario cómo va a estar la calidad del producto final. Esto permite un ahorro considerable”, dijo.

De esta forma, Ramírez dilucidó cómo la IA no tiene nada que ver con una mente electrónica con la cual se pueda platicar para que diseñe productos que luego sean dados a luz a través de una impresora tridimensional, pero sí se trata de una gran herramienta que logra hacer tareas de clasificación de información con una eficiencia inalcanzable para el ser humano.

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