Carlos Gay
(Foto: Fundación UNAM)

La capa de hielo de Groenlandia se está perdiendo a un ritmo elevado, como no había ocurrido desde hace 11,000 años, e incluso la tasa de pérdida será mayor en este siglo, según Jason P. Briner, geólogo de la Universidad de Buffalo, en Estados Unidos.

Este científico aseveró lo anterior en Rate of mass loss from the Greenland Ice Sheet will exceed Holocene values this century, artículo publicado el 30 de septiembre pasado en Nature, considerada la revista científica más importante del mundo.

Sin importar que Groenlandia sea un sistema muy complejo imposible de poner bajo condiciones controladas y, por tanto, sea difícil hacer afirmaciones incontrovertibles sobre ella, como sí podrían hacerse, por ejemplo, respecto a la aceleración de un balín estudiado en un laboratorio de física, la ciencia actual dispone de modelos explicativos que apuntan hacia la causa del inusitado deshielo.

“Lo que sí podemos hacer son predicciones o simulaciones y compararlas contra la información”, expresa en entrevista para Tec Review, Carlos Gay García, responsable del Grupo de Cambio Climático y Radiación Solar del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Gay García afirma que la causa primaria del deshielo es el calentamiento global provocado no de manera natural, sino por acción directa de los seres humanos.

“Los deshielos en los glaciares en todo el mundo se deben al aumento de temperatura debido al exceso en la atmósfera de dióxido de carbono que proviene de la quema de combustibles fósiles. Si todo Groenlandia se fundiera, estaríamos en el orden de ocho metros arriba del nivel del mar; y si no se fundiera todo, sino la mitad, serían cuatro metros, con los cuales se metería el mar en México ‘hasta la cocina’, en Tamaulipas, Tabasco, Yucatán y toda esa área del Golfo. Se perderían miles de kilómetros cuadrados de territorio. Entonces no son riesgos menores”, platica este investigador de la UNAM.

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Con ojos y oídos cerrados

Los peligros han sido advertidos. Sin embargo, Carlos Gay García dice que actualmente gran parte de la humanidad solamente desea ver y escuchar lo que no le disguste. Esto orquestado por el político más influyente del continente americano.

“Donald Trump es el artífice de la ceguera y de la sordera convenientes; lo mejor que puede hacer es irse”, dice Gay García.

En este sentido, Boris Johnson, primer ministro británico, también ha promovido rechazo hacia ciertas tesis científicas. México y Brasil también van en el mismo camino, según este científico de la UNAM.

“Es un momento oscuro; en lugares donde dominan personalidades la ciencia no va bien”, afirma Gay García.

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El efecto invernadero también puede ser positivo

Cuando ciertos gases atmosféricos retienen parte de la radiación térmica emitida por la superficie terrestre tras ser calentada por el astro rey, ocurre el llamado efecto invernadero.

En sí mismo, este fenómeno no es malo, pues ha sucedido de manera natural desde hace miles de años.

“El efecto invernadero es buenísimo, porque ha propiciado que haya una atmósfera tibia con una temperatura promedio de 15 grados en el planeta. Esto ha permitido el desarrollo de la vida tal como la conocemos y que podamos vivir los seres humanos”, explica Elda Luyando López, investigadora del Grupo de Cambio Climático y Radiación Solar.

Lo malo del efecto invernadero, de acuerdo con esta científica, es que si de manera artificial se emite un exceso de gases como dióxido de carbono, se refuerza el fenómeno y se calienta la atmósfera más allá de lo necesario; en consecuencia, se genera calentamiento global.

“Esto trae como resultado que en algunos lugares haya mayor cantidad de sequías o modificaciones en las precipitaciones; esto es, que llueva con patrones diferentes de lo acostumbrado”, comenta Luyando López.

Según esta experta, se teme que por este trastorno climático lleguen a escasear las lluvias en México. “Una sequía prolongada afectaría los cultivos y los bosques. Por otro lado, si se tiene menos humedad en los bosques, se propician incendios forestales mucho más intensos”.

Pese a todo, la Tierra es demasiado grande como para ser destruida por el hombre. El planeta va a seguir viviendo por 4 mil millones de años más, con o sin humanos, de acuerdo con Luyando.

“La naturaleza en 10 mil años se recupera, sigue su camino y de los humanos no queda nada. Nosotros solitos estamos cavando nuestra propia tumba”, finaliza esta investigadora.

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