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La gente camina en la calle, mientras continúa el brote de la enfermedad del coronavirus en la Ciudad de México. (Foto: Carlos Jasso / REUTERS)

Latinoamérica es la región más golpeada por la pandemia de la Covid-19, con más de 10 millones de casos. En medio de la crisis sanitaria se rezaga la atención a otras enfermedades, la población de riesgo está desprotegida y en la pospandemia habrá un gran camino por delante para mejorar los sistemas de salud.

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¿Pandemia o Sindemia?

Las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) como diabetes, hipertensión, cardiopatías y cáncer, antes de la Covid-19, dejaban 2.5 millones de muertes en América Latina, según el Instituto para Métricas y Evaluación de Salud (IHME).

Ahora, la pandemia ha provocado una reducción de entre 50 % al 80 % en la atención y detección de las ENT.

“Estamos frente a una sindemia, es decir dos pandemias, por un lado el nuevo coronavirus y por el otro las ENT en un contexto de pobreza, inequidad y discriminación”, dijo Felicia Knaul, directora del Instituto para Estudio Avanzado de las Américas y profesora de la Miller School de Medicina (UM).

El problema con la sindemia es que, uno de cada cinco habitantes padece una ENT, y estos son más susceptibles a desarrollar cuadros severos por el nuevo coronavirus. Por si fuera poco, el contexto del confinamiento ha propiciado que la población sea más vulnerable a las ENT debido a la falta de alimentación adecuada y ejercicio.

En una sindemia como la estamos viviendo, dos o más enfermedades interactúan de modo que el daño es mayor.

Varios investigadores sostienen que es necesario hacer frente a la Covid-19 desde el punto de vista de la sindemia porque de esta manera se atenderá no solo la enfermedad infecciosa sino también al contexto social de las personas.

No existe una vacuna con dosis única para la pobreza o la discriminación”, aseguró Felicia Knaul. Por lo cual debe haber un cambio en los sistemas de salud, desde la distribución del personal médico hasta solventar la falta de medicamentos.

 

Rumbo a una nueva operación sanitaria

“En América Latina, hay 2.3 médicos por cada mil habitantes, en promedio. Además, esta distribución no es equitativa, es decir, los especialistas se concentran en las grandes ciudades”, aseguró Germán Fajardo Dolci, director de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) durante el Roche Press Day, un evento virtual que reúne a especialistas de toda la región.

Dolci explicó la necesidad urgente de cambiar la distribución y la formación de los expertos en salud, “generalmente solo se ve al paciente cuando está enfermo, y debemos cambiar el modelo a la prevención y dejar en el pasado la atención de una sola ocasión”, indicó.

La medicina personalizada aún es una utopía para los latinoamericanos, aunque hay un rezago desigual entre sus distintos países, reveló el informe de la Unidad de Inteligencia (EIU, por sus siglas eje inglés) de The Economist, apoyado por Roche América Latina.

“La medicina personalizada no se enfoca en tratar enfermedades, sino personas”, explicó Alan Lovell, autor del reporte y asociado sénior de Política sanitaria y Evidencia clínica de EIU.

El reporte clasificó a los países en tres niveles según su grado de avance, encabezados por Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica y Uruguay en el nivel 1, seguidos por Chile y México en el 2, y por último Ecuador y Perú en el 3.

El nivel 1 encasilla a los países “listos para decidir” implementar este tipo de medicina. En el nivel 2 están las regiones que pretenden “fortalecer las bases” y los terceros, apenas “están comenzando el viaje”.

Tecnología aplicada a la atención médica

La medicina personalizada requiere de la tecnología para avanzar, “un problema muy común es que un paciente cambia de seguro del IMSS al ISSSTE, por ejemplo y el otro médico debe iniciar desde cero. Deberíamos compartir el historial clínico de los pacientes cuando estos cambian de institución, de esta manera todo se agiliza. Para eso está la ciencia de datos”, agregó el doctor de la UNAM, Germán Fajardo Dolci.

En ese contexto, Anja-Alexandra Duenne, jefa de Asuntos Médicos de Farma Internacional en Roche explicó que la tecnología es indispensable, por ejemplo open data, es decir, “datos abiertos para que pacientes, médicos e investigadores compartan información en tiempo real para mejorar el tratamiento de las enfermedades”.

De esta manera, los avances médicos, la tecnología, la genómica y la ciencia de datos confluyen en un nuevo enfoque para acompañar a cada paciente en su propio recorrido, desde la prevención hasta el tratamiento, e identificar una atención única.

Pero la región tiene grandes obstáculos para para llegar a una atención de salud personalizada, de acuerdo al reporte: la falta de voluntad política, la carencia de una visión holística, regulaciones ineficientes y una visión que percibe a la salud como un gasto en vez de una inversión.

También se discutió acerca de la protección de estos datos sensibles. Si bien estas bases de datos representan un insumo importante para el tratamiento y avances de la medicina, hay que tener en cuenta que estos datos requieren un tratamiento especial desde de los permisos de los pacientes, su almacenamiento, manejo y términos legales.

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El nuevo rol de los pacientes

Como lo indicaron los expertos, la responsabilidad no solo recae en el sistema de salud, sino también en los pacientes. De modo que estos deben modificar sus visitas al médico. Acudir no solo cuando se está enfermo, sino regularmente bajo un modelo de prevención.

De esta manera se prevendrán o detectarán a tiempo enfermedades como diabetes, hipertensión, cardiopatías y cáncer. Y habría menos población vulnerable ante un nuevo virus.

“Las pandemias seguirán ocurriendo, vamos a seguir eligiendo gente, pero necesitamos crear un lazo que ahora está ausente”, dijo Alberto Alemanno, profesor en el Jean Monnet de Ley y Política Europea en HEC París. Por lo que es necesario mitigar la falta de espacios de participación para los pacientes.

Sobre todo, cambiar el pensamiento que se tenía acerca de los pacientes, ya que en Latinoamérica, los ciudadanos siguen siendo vistos como si fueran pacientes “y no como actores que pueden aportar en la salud pública”, concluyó Alemanno.