(Foto: Sala de Prensa UNAM)

“¿A dónde vas a llegar? ¿Hacia dónde te va a llevar la vida? Es algo que uno no puede saber ni de niño ni de joven. Las cosas llegan con el tiempo, subes y bajas escalones, te tropiezas, sigues adelante y en el camino se van acomodando las cosas. Mi padre me enseñó que tener buen carácter, buena disposición y verle el lado bueno a las cosas siempre ayuda”, solía decir Guillermo Soberón, decano de los expresidentes de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El doctor Soberón Acevedo nació en Iguala, Guerrero, el 29 de diciembre de 1925. Fomentó la descentralización de proyectos y programas en diferentes puntos del país, como una forma de promover el desarrollo científico a nivel nacional. También, murió el 13 de octubre, fue el trigésimo quinto rector de la UNAM, cargo en el que se desempeñó del 3 de enero de 1973 al 2 de enero de 1981.

(Foto: Sala de Prensa UNAM)

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Su legado

Las investigaciones de Soberón Acevedo se enfocaron en el efecto de la desnutrición sobre los niveles enzimáticos de los mamíferos y la regulación metabólica del nitrógeno en organismos superiores, en particular el amonio y su conversión a urea como mecanismo de detoxificación, además de ser uno de los grandes promotores de la investigación científica en el país.

Realizó más de 140 trabajos, 20 libros y más de 110 aportaciones en libros así como más de 450 comunicaciones formales en conferencias y congresos en el país y en el extranjero.

Fue destacado impulsor a la reforma al Artículo Tercero Constitucional que incorporó la autonomía universitaria.

(Foto: Sala de Prensa UNAM)

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Fortaleció la descentralización de la UNAM, al crear las cinco Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales (ENEP), con lo cual creció la matrícula de la Universidad de manera importante. Además, presidió el programa de colaboración universitario con el que se dio gran fuerza a las universidades de los estados; durante su rectorado se duplicó la capacidad de investigación y se creó la llamada, en ese entonces, Ciudad de la Investigación Científica; se fortaleció la cultura de la UNAM y del país con la creación y construcción del Centro Cultural Universitario y el Espacio Escultórico.

Su labor científica fue reconocida con diversas distinciones, como el Premio de Investigación (1965), otorgado por la Academia Mexicana de Ciencias; el premio de ciencias Elías Sourasky (1968); el premio Luis Elizondo (1974); el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1980); el premio Abraham Horwitz de la OPS (1991), y el Reconocimiento al Mérito Médico (1999). (Fuente: AMC)

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