¿Qué es un sismo?
Entender el fenómeno nos ayuda a asimilarlo. (Foto: iStock)

La geografía es destino en términos de un terremoto. En este sentido, Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional (SSN), expresa en entrevista para Tec Review lo siguiente:

“El país donde nos tocó vivir es altamente sísmico. Y como ciudadanos debemos aprender a convivir con este fenómeno que no se va a ir nunca”.

Por esto es preciso asimilarlo, por lo menos en el plano conceptual, porque solo así, de acuerdo con Pérez Campos, podremos prepararnos mejor para enfrentarlo tranquilamente.

¿Te interesan nuestros contenidos? Puedes suscribirte gratis a nuestro newsletter

¿Qué es un sismo?

Es un rompimiento repentino de las rocas en el interior de la Tierra, que se traduce en propagación de energía.

Dicha energía, según Pérez, es liberada a través de ondas. Éstas viajan, llegan hasta donde nos encontremos y mueven el suelo. Entonces es cuando sentimos el sismo.

“Este fenómeno es un reflejo del movimiento interno de la Tierra y del movimiento de las placas tectónicas. El núcleo terrestre está emitiendo energía y calentando el manto, esto provoca corrientes convectivas en el interior que a su vez causan el movimiento de las placas, lo cual también da lugar a la existencia de volcanes”, explica Pérez.

Nadie sabe el día ni la hora

Respecto a supuestos expertos pululantes en redes sociales, quienes aseguran poder predecir el día y la hora de algún sismo, la científica asegura que esto no es posible. 

“Cuando hablamos de predicción nos referimos a que se da una fecha, una magnitud y un lugar exactos.Y esto no existe en México ni en ningún país del mundo. No hay metodología, técnicas ni instrumentos que nos permitan hacerlo”, explica la jefa del SSN.

Sin embargo, la sismología sí puede asignar a este fenómeno una posibilidad de ocurrencia, al igual que la meteorología lo hace con el clima.

“Se conoce la probabilidad y sabemos dónde se va a presentar un sismo grande. Lo que no sabemos es exactamente cuándo. El rango para cuestiones prácticas, humanas, sigue siendo demasiado amplio. Podemos hablar en términos de los próximos 100 años, y puede ocurrir hoy o al final de este periodo”, dice la especialista.

Te puede interesar: ¿Sentiste el sismo? Puede disparar ansiedad y estrés debido al confinamiento

La suma de sismos menores no es igual a un sismo mayor

Suele creerse que la ocurrencia de temblores pequeños libera la energía necesaria para que no suceda un sismo grande. Esta noción no tiene respaldo científico.

De acuerdo con Pérez, la energía que se requiere para generar un sismo de, por ejemplo, magnitud 7 corresponde aproximadamente a 32 sismos de magnitud 6, mil sismos de magnitud 5 o 32,000 sismos de magnitud 4.

Entonces, a través de sismos menores, la naturaleza no alcanza a emitir la energía que iguala un sismo de magnitud mayor. “Siempre queda ese remanente que finalmente se libera en ese gran sismo que estaba ‘cocinándose’”.  

¿Qué son las réplicas?

Si ocurre un sismo grande, éste genera un reajuste en las zonas donde se manifiesta. Entonces en dichas zonas pueden surgir sismos pequeños conocidos como réplicas. “Se trata de sismos sucedidos después de un sismo grande, y son de magnitudes menores en relación con éste”, comenta Pérez.

La especialista también aclara que si, por ejemplo, sucedió un sismo grande en Chile, no significa que habrá réplicas en México, porque a tal distancia no hay esta clase de relación.

De acuerdo con un reporte especial del SSN, México se ubica en un contexto de cinco placas tectónicas: Caribe, Pacífico, Norteamérica, Rivera y Cocos. Estas dos últimas placas se encuentran en subducción (sumergidas) debajo de la placa de Norteamérica.

Por esto se puede afirmar que el país pertenece a una región compleja, tectónicamente hablando.

“Una zona de alta probabilidad de sismos grandes es donde está el contacto entre las placas de Cocos y Norteamérica, que es la costa del Pacífico, desde Jalisco hasta Chiapas. Otra zona de sismos potencialmente importantes es la del Golfo de California, donde está el contacto entre las placas del Pacífico y Norteamérica”, comenta Pérez.

También el centro de México, donde se ubica la llamada faja volcánica transmexicana, “que atraviesa México desde Jalisco y Nayarit hasta Veracruz, es una zona activa; ahí se han generado sismos de magnitudes cercanas a 7, como en Acambay, donde sucedió un sismo de 6.9, en 1912”.

Mientras que la Ciudad de México es una zona donde hay fallas geológicas activas. Es decir, “propensas a generar sismos que pueden ser de magnitudes moderadas o pequeñas”.

Según la experta, se han registrado sismos de magnitud máxima de 4.1 con epicentro en la capital del país, pero podrían suponerse escenarios un poco mayores por el tamaño de las fallas existentes.

De nuestra selección editorial: Guía de supervivencia: aniversario del terremoto de 1985 

El factor humano también influye

“Muchas actividades humanas inducen sismicidad”, afirma Pérez. Muestra de ello son ciertos métodos utilizados en minería y extracción de petróleo, según un estudio de 2015 hecho en la Universidad de Oviedo y un reporte de 2000 publicado por el Instituto de la Dinámica de Geosferas de la Academia Rusa de Ciencias, respectivamente.

Sin embargo, no es cierto que toda actividad de este género esté relacionada con los sismos.

“Se tienen que dar las condiciones geológicas adecuadas más las condiciones de operación inadecuadas para que esta combinación induzca sismicidad”, precisa la especialista.

El enfoque de la geofísica

Antoine-Laurent de Lavoisier, considerado el padre de la química moderna, definió en 1774 el Principio de conservación de la masa (posteriormente ampliado al ámbito de la energía). El Principio dice así: La materia (energía) no se crea ni se destruye, sino sólo se transforma.

Con base en este axioma de la ciencia experimental, el comportamiento de un sismo también puede ser caracterizado. Dado que “una onda sísmica es energía y sabemos que la energía no se destruye, sino sólo se transforma”, expresa José Oscar Campos Enríquez, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, en entrevista para Tec Review.

Cuando una onda sísmica viaja puede toparse con sedimentos no consolidados (materiales sueltos como arcilla o arena que se caracterizan porque el agua subterránea fluye a través de los espacios entre los granos).

Aplicando el Principio de Lavoisier en este caso, “la onda se amplifica para conservar la energía”, explica Campos Enríquez.

El científico señala que éste es uno de los problemas de la Ciudad de México, donde existen edificios cimentados en sedimentos no consolidados que causan la amplificación del efecto sísmico en estructuras arquitectónicas.

Por esto, de acuerdo con el experto, es más recomendable construir en sitios donde no haya una base de sedimentos no consolidados (como arcilla), sino sedimentos consolidados (roca firme), donde la onda sísmica no tiene que amplificarse para conservar la energía.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Ingrese su nombre