Margarita Ríos Farjat es doctora en Política Pública por el Tec de Monterrey y durante dos décadas se especializó en varias ramas. (Foto: Cortesía)

La primera vez que el presidente Andrés Manuel López Obrador le ofreció el cargo como jefa del Servicio de Administración Tributaria (SAT), Margarita Ríos Farjat lo rechazó. Él valoraba su honestidad intelectual y eso la convenció.

Ahora, la abogada es la ministra más joven de la SCJN, pero asegura que todos tienen un gran sentido del humor y no nota la diferencia de edad. Cuando se le pregunta sobre el techo de cristal que existe para alcanzar la equidad de género, afirma que mientras las políticas de los centros de trabajo no sean diseñadas por mujeres, el cambio siempre es lento. Y que no se trata de hacer concesiones.

Tampoco evade discutir uno de los primeros temas de impacto que le ha tocado discutir: la resolución en contra de modificar los artículos 149, 150 y 154 del Código Penal del estado de Veracruz para despenalizar el aborto. Explica que sí existe una falta de voluntad del Congreso de ese estado pero, en realidad, la demanda estuvo mal orientada.

Ríos Farjat ganó el premio de poesía universitaria en 1993, mientras estudiaba la carrera de Derecho, y además tiene varios poemarios. Cree que un poema puede cambiar a una persona y, a su vez, esa persona puede cambiar al mundo. En entrevista para Tec Review se describe como un espíritu libre y está convencida de que su padre, quien la inspiró para dedicarse a las leyes, la mira con orgullo desde algún lugar infinito del universo.

¿Cómo se describe?

Soy un espíritu libre paseando en esta tierra, que vive la vida como se va presentando, con entusiasmo, atención, franqueza y responsabilidad.

Su padre la inspiró a dedicarse al Derecho, ¿qué cree que pensaría ahora de la carrera que ha construido?

Cuando yo me debatía desentrañando mi vocación, él me decía que era el Derecho, y mi rebeldía puso atención a su sensatez.

Tras 47 años dedicados a la carrera judicial se retiró como magistrado, meritorio cargo para alguien que empezó a trabajar a los cuatro años para ayudar a su mamá y a su hermana al morir su papá, primero haciendo cajitas de zapatos, o como dependiente, bolerito, maestro. Tenía esa fuerza de espíritu propia de quienes remontan todas las adversidades.

Desde algún punto infinito está pendiente de mí, contento y orgulloso, y eso me hace feliz. Pienso que, a través de mí, él alcanzó su meta.

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¿Qué lecciones le dejó el Tec de Monterrey?

Las lecciones las deja lo que se estudia, no el lugar. El lugar deja recuerdos. Tuve maestros muy inteligentes, cultos y afables, entiendo que ya no están, y algunas compañeras siguen siendo mis amigas.

Mi segundo hijo nació cuando estaba tomando clases así que solo puedo recordarlo como una vivencia muy hermosa. Me encantaban mis clases, leer y estudiar con mi bebé a un lado.

Muchos dicen que un poema puede cambiar al mundo, ¿usted lo cree?

Un poema a tiempo puede cambiar el curso de una vida y ello repercute en el mundo. Si el momento es preciso y el espíritu está atento, el deslumbramiento sucederá. Vivir se vuelve un acto mucho más trascendental, se es capaz de sentir más, de percibir más, de entender mejor, las convicciones son más puras porque son más hondas, y entonces somos más libres, más ligeros y avenidos con las circunstancias.

¿La poesía se parece al Derecho?

Todo lo que toca el ser humano con lo más noble y sereno de su pensamiento se parece. Es luminoso. En la poesía, la inteligencia se expresa a través de recursos subjetivos –emociones y recuerdos–, en el derecho, por medio de herramientas objetivas –entre ellas la lógica y los datos–.

El derecho aspira a la justicia, la poesía sólo aspira a ser. Son dos expresiones distintas de la misma inteligencia.

¿Cómo conoció al actual presidente de México y cómo le comunicó su nominación para liderar el SAT?

Él tenía en Monterrey un grupo de amigos que lo reunía con un abanico cambiante de personas críticas. Me invitaron en 2014. Yo no acostumbro a quedarme callada así que, a pesar de que en términos generales compartía su visión, hice preguntas incisivas. En vez de molestarse (que es lo común con los políticos promedio), me procuró. Yo seguí siendo igual, crítica y analítica.

Con los años me di cuenta que valoró eso como honestidad intelectual. Al ganar la presidencia me pidió dirigir el SAT, mi reacción fue de incredulidad y de rechazo. Él insistió y mencionó esa honestidad: “Y el que no lo quieras y me lo rechaces, me lo confirma”.

¿Cómo vivió la votación en el Senado cuando fue elegida ministra?

Cuando se anunció la terna, pedí licencia a mi cargo en el SAT (nadie más lo hace, ni en el ámbito privado ni en el público) y dejé de dar entrevistas, no me interesó hacer campaña.

En mi caso, el provenir del SAT era una desventaja, blanco fácil de prejuicios y aseveraciones sin fundamento, muchas de esas, bien lo sé, por parte de quienes no se vieron favorecidos con la suspensión de sus auditorías o con beneficios sin sustento. Cuando estás en esa silla las líneas de interés son nítidas.

El proceso es desgastante, y requiere más templanza de la que parece, así que yo me puse en paz conmigo misma desde el primer día, agradecida de vivir otra experiencia, y acepté de antemano el resultado que fuera.

El último día, cuando estaban votando los senadores me aislé con mi marido y mi buen amigo Roberto, y apagué la televisión. Me fui a descansar. Lo que seguía, cualquiera que fuera el resultado, sería cosa del destino, así que puse mi mente en blanco. Cuando se contaron los votos y la presidenta Mónica Fernández dio su mensaje y me mandó llamar, fue muy emocionante y jubiloso.

Cuando fue elegida por el Senado, ¿el presidente Andrés Manuel López Obrador la felicitó?

Cuando resulté electa, envié mi carta de renuncia al presidente, y por teléfono confirmé la recepción con su secretaria Laurita, quien me transmitió su felicitación. Vi sus buenos comentarios sobre mi persona, cuando hablaba del relevo en el SAT, en un par de conferencias mañaneras de diciembre. Y se agradecen.

¿Qué tan difícil es abrirse paso en el mundo del Derecho?

Lo ilustro: el 12 de julio las abogadas recibimos felicitaciones adornadas con hombres encorbatados y el mensaje: “Feliz día del abogado”. Y en una entrevista de trabajo para un despacho en 1999 me preguntaron si planeaba embarazarme pronto.

Para una conferencia que di en Puebla hace varios años, investigué 257 despachos mexicanos anunciados en un par de reconocidos directorios internacionales, se integraban en total por 2,092 hombres y 605 mujeres, esto es un 78% contra 22%. La proporción era igual en Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara. Dudo que haya variado mucho.

Ha hablado del techo de cristal que existe para las mujeres en México, ¿cree que como país caminamos a construir un cristal, al menos, más delgado?

Mientras las políticas de los centros de trabajo no sean diseñadas por mujeres, el cambio es lento. No se trata de hacer concesiones, como ha sucedido por décadas. Se trata de pensar diferente y abrirse a distintas formas de trabajar. No hay más que continuar con acciones afirmativas, que sí tienen su mérito y sí están cerrando brechas.

¿El machismo es un obstáculo para las mujeres en nuestro país?

Por supuesto. Cuando en un mismo trabajo hay una mujer y un hombre, no hay duda de que a la mujer ese espacio le ha costado mucho más trabajo, talento, aplomo y perseverancia. Se ha enfrentado no sólo a un mundo de hombres, sino a herencias culturales, estereotipos, familia, amistades, relaciones, e incluso al espejo, a lo que ella espera o aspira de sí misma.

¿Cuántos años cree que tardará México en tener una verdadera equidad de género?

Depende de cuánto evolucione el concepto de equidad de género, y de los elementos que tomemos en cuenta para colmar ese concepto. ¿El estándar de equidad actual es igual al estándar al que se aspiraba en 1980, por ejemplo? Es una constante evolución y una tarea sin tregua contra el machismo, la sumisión y la cosificación de la mujer. Las nuevas generaciones me infunden esperanza.

¿Por qué votar en contra del proyecto que proponía que el Congreso de Veracruz modificara los artículos 149, 150 y 154 del Código Penal del estado? Se criticó como una medida para impedir la interrupción legal del embarazo e, incluso, se dijo que la Corte podría incurrir en “activismo judicial”. ¿Qué precedentes sentaría aprobar el proyecto?

De la lectura de las normas de la CEDAW y la Convención Belém Do Pará se desprende un mandato genérico de igualdad y no discriminación que amerita ser interpretado a partir de recomendaciones generales emitidas por sus comités. Es decir, de manera directa y literal no contienen un artículo sobre la derogación de las normas que criminalicen el aborto, sino que ésta deriva necesariamente de un análisis interpretativo.

Abrir esa puerta implicaría que cualquier interpretación sobre cualquier convención, ojo con esto, pudiera ser impuesta a cualquier Congreso. Y las disposiciones convencionales poseen una redacción dúctil o porosa, así que pueden admitir diversas interpretaciones.

El activismo judicial es positivo, entendiendo éste como la disposición de los jueces constitucionales a desarrollar los contenidos de la ley suprema o dotarlos de operatividad, pero forzar legislar a partir de lo incierto y de forma potencialmente generalizada era desbordado.

Por otra parte, sí existe una falta de voluntad del Congreso de Veracruz respecto a este tema, porque si bien es cierto que no condena con pena privativa de la libertad a la mujer que aborta, la sanción recae sobre el médico, esto sigue dando pie a abortos clandestinos y a que siempre sufran más las que tienen menos. Me parece que la demanda estuvo mal orientada, los amparos en materia de omisiones legislativas son cuesta arriba. Era mejor demandar a partir de un acto tangible.

¿Cree que la corrupción en México es cultural? ¿Se puede erradicar en seis años?

En su libro Del amanecer a la decadencia, Jacques Barzún escribió que cuando una sociedad acepta la futilidad y lo absurdo como normales, la cultura es decadente. La corrupción es el epítome de la futilidad y lo absurdo, porque hace que nada tenga sentido: si se va a corromper una ley, para qué hacerla, es absurdo. No sé cuándo se pueda erradicar, eso depende de si la sociedad se solaza en la confusión y la frivolidad, o si está dispuesta a no aceptar la corrupción como algo normal.

¿Qué legado quiere dejar como ministra de la Suprema Corte?

Hablar de legado me parece pretencioso, mejor digamos que me interesa el fortalecimiento institucional, el federalismo como elemento de cohesión del orden jurídico y el constitucionalismo social, así como seguir desdoblando las posibilidades del artículo 1 constitucional, especialmente en cuanto a igualdad de condiciones y oportunidades; y que quien sufre un daño, sea resarcido.

Esta entrevista fue publicada en la edición septiembre-octubre 2020 de Tec Review. Léela gratis aquí

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