Caption: Are water bottling companies safe? (Photo: iStock)

Cuando un hilo se corta espontáneamente, el corte ocurre en la parte más delgada. Sucede lo mismo al final de los procesos de purificación de agua, porque ahí es la parte más delgada: donde el ser humano mete la mano.

Aunque el líquido haya pasado por filtros y sistemas de eliminación de contaminantes, los pequeños negocios de purificación de agua a veces caen en errores cuando llega el momento de envasar, lo cual se traduce en impurezas en el producto final, según Andrés Vázquez Vences, gerente de análisis de agua del Laboratorio ABM, en San Mateo Atenco, Estado de México.

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Fallas humanas

Este especialista, quien también es ingeniero químico egresado del Instituto Tecnológico de Toluca, comenta en entrevista para Tec Review, que suelen ocurrir dichas fallas sobre todo en la higiene del personal de las purificadoras, en la asepsia de la zona de llenado y en el lavado de los garrafones, lo cual finalmente causa impurezas del agua por microorganismos.

“Si el agua llega a un garrafón que está contaminado, entonces el agua deja de ser pura. También los garrafones después de mucho uso, se rayan, y por más que se laven, en esas pequeñas hendiduras se acumulan bacterias”, explica Vázquez Vences.

Por esto, la Norma Oficial Mexicana 201 sobre agua y hielo para consumo humano afirma que el área de llenado debe estar completamente aislada de las demás áreas, y durante dicha operación los accesos de recepción y salida del envase deben mantenerse cerrados o protegidos de manera que se evite la contaminación del producto.

“Para el caso de envases retornables, estos deben ser sometidos a procesos de lavado y desinfección interna, lavado externo, así como enjuague. Después de estas operaciones no deben quedar residuos de las sustancias utilizadas”, también estipula dicho documento.

Sin embargo, esta reglamentación no siempre se cumple a cabalidad en las pequeñas purificadoras de agua donde, de acuerdo con la experiencia de Vázquez, a veces se venden garrafones de agua con cierto grado de contaminación microbiológica.

Respecto a la posible presencia de SARS-CoV-2 en agua potable, este ingeniero químico dice que no hay de qué alarmarse, ya que el virus causante de la actual pandemia no ha sido detectado en garrafones.

 

El paso a paso de la purificación

Son más de 10 fases en el proceso de purificación de agua, que van desde añadir sustancias desinfectantes hasta hacer actuar sobre el líquido rayos ultravioleta (UV), pasando por el filtrado de partículas visibles e invisibles.

Andrés Vázquez expresa que las purificadoras cuentan con tanques donde se clora el agua, para eliminar microorganismos. Posteriormente, se pasa el líquido a un tanque de sólidos, conocido como lecho profundo, su función es quitar partículas suspendidas de un tamaño mayor a 3 micras, que a simple vista se pueden detectar flotando en el líquido.

“Sigue la fase de carbón activado, cuya función es quitar el cloro. En un principio se pone cloro para matar bacterias, pero después se elimina para que el agua sea potable. En este paso se mejora el olor y sabor del agua. Posteriormente, hay un filtro conocido como suavizador, el cual elimina la dureza; esto es, quita el carbonato de calcio del agua, y funciona bajo el principio de intercambio iónico”, dice este experto.

El suavizador no es necesario utilizarlo en la Ciudad de México y Área Metropolitana, porque en esta zona del país la dureza del agua no es tan drástica. También hay una fase de ósmosis inversa que elimina los sólidos disueltos en el agua no percibidos a simple vista, que tampoco hace falta en las purificadoras del centro del país. Sin embargo, en algunas regiones del norte de la República, donde hay agua muy alta en sólidos, sí es necesario emplear estos métodos. 

“No es lo mismo diseñar una planta purificadora para la Ciudad de México que para Hermosillo, Sonora, donde se ha llegado a encontrar en el agua metales pesados como arsénico”, aclara Vázquez.

Sigue el pulidor, fase del proceso que sirve para capturar cualquier partícula que haya podido pasar los filtros anteriores. Luego opera la lámpara UV que aniquila los microorganismos del agua, pero la materia orgánica queda ahí y con el sol o el paso del tiempo puede regenerarse la vida microscópica. “Por esto, el agua finalmente pasa por el ozono que funge como conservador al oxidar la materia de los microorganismos y, por esto, impide que se regeneren”, cometa Vázquez.

Hasta aquí, según este ingeniero químico, las pequeñas plantas purificadoras suelen aprobar todos los exámenes de calidad del agua que a veces se vierte sin las medidas adecuadas de higiene en garrafones que están contaminados. Aquí, como dice el proverbio castizo, es donde “el hilo se corta por lo más delgado”.