“Los bosques pueden ser un factor de desarrollo en México”
El cultivo de agave puede ayudar a las comunidades. (Foto: iStock)

En el Pacífico mexicano, en los estados de Guerrero y Oaxaca, hay una región de tres millones de hectáreas en donde se unen los bosques de encino y pino con la selva seca. Una zona en donde la minería y el saqueo ilegal de recursos amenazan esta biodiversidad.

Ahí también hay un esfuerzo de manejo forestal comunitario que se está generando alrededor del agave, especie emblemática en esa región. El ingeniero agrónomo Arturo García Aguirre, egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), especializado en Desarrollo Regional Sustentable y Manejo Forestal y coordinador del colectivo MeF Bosques, colabora con ese proyecto.

Para García, quien también es consultor del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), el manejo forestal comunitario es la fórmula indicada para velar por la economía de las personas que viven en el entorno rural y cuidar los bosques en el país, para protegerlos contra lo que él considera sus principales amenazas: la delincuencia organizada y la corrupción.

“Los bosques pueden ser un factor de desarrollo en México”
El ingeniero forestal Arturo García Aguirre (el segundo de derecha a izquierda) impulsa el manejo forestal comunitario en los bosques de Guerrero. (Foto: Arturo García / Cortesía MONGABAY)

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¿Por qué impulsar el manejo forestal comunitario en torno al cultivo del agave?

En la Sierra de Guerrero, antes de que los ejidos tuvieran en su poder el control del territorio forestal, las comunidades se dedicaban a dos cosas: la crianza y pastoreo de los chivos a gran escala, y al cultivo del maguey para la elaboración del mezcal. Eran mezcaleros y chiveros. Esto, sobre todo, en las zonas de transición entre la selva baja y los bosques de pino.

El maguey crece en ambos ecosistemas y, particularmente, se estaciona de manera muy clara en las selvas bajas. En muchos casos, los magueyes que se aprovechaban no eran plantaciones, sino agaves silvestres que se colectaban y con ellos se hacían grandes cantidades de mezcal que se comercializaban en toda la sierra de Oaxaca y Guerrero, incluso en Puebla.

El agave es una especie vegetal que le ha dado identidad por siglos al estado de Guerrero. La cultura ancestral está muy ligada al cultivo del agave y a la obtención del mezcal, entonces se convierte en una especie emblemática que da identidad, pero lo más importante es que da medios de vida.

El mezcal, sobre todo en Guerrero, ha permitido fortalecer la colectividad. Por ejemplo, está la organización Sanzekan Tinemi que tiene su sede en Chilapa de Álvarez, Guerrero, pero tiene una influencia importante en todo lo que llaman montaña baja de Guerrero. Esta organización campesina también reúne a maestros mezcaleros y, en las últimas décadas, sus esfuerzos los ha centrado más hacia esa actividad.

La organización no se da por generación espontánea, necesita un eje. En este caso, el eje de nuestros amigos de la montaña baja de Guerrero es el maguey-mezcal. Ejidos y comunidades, pero también campesinos que tienen un poquito de tierra, saben que si se unen pueden tener mejores resultados. Entonces esta especie funciona como un elemento de cohesión, de identidad y de bienestar.

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Arturo García trabaja con comunidades que buscan tener una producción de mezcal sustentable. (Foto: Arturo García / Cortesía MONGABAY)

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¿Cómo encaja el agave-mezcal en la conservación de los bosques y el desarrollo forestal comunitario?

Cuando la gente empieza a tener mejores posibilidades de vida en torno a la producción de mezcal, también se dan algunas amenazas para algunos recursos naturales.

Hemos trabajado con esta organización para buscar que todos los recursos naturales (como la leña) que se utilizan para la elaboración del maguey-mezcal tengan esquemas de sustentabilidad. Algunos productores trabajan esta sustentabilidad desde hace décadas, pero otros han descuidado la red de recursos naturales que están alrededor del maguey. Al inclinarse solo por la parte productiva, pierden de vista la parte del sustento, la gran cantidad de masa forestal que se utiliza como fuente de energía calorífica para la fabricación de mezcal.

El mezcal necesita coserse y destilarse, para eso se necesitan grandes cantidades de calor que solo la leña le otorga. La leña proviene de encineras, proviene de arbolado de ecosistemas forestales, de especies de selvas bajas que pueden generar grandes contenidos calóricos. Si la gente pierde de vista que el sustento del mezcal es toda una red de recursos naturales, pues entonces se empiezan a perder estos recursos naturales solo con el afán de producir más.

¿En el manejo de bosques, la leña no se valora como debería ser?

Efectivamente. Y por eso cada vez hay más pueblos en donde tienen que ir a lugares más lejanos para recolectar la leña o la tienen que comprar. Se han acabado sus bosques y sus pedacitos de selvas secas que les estaban proporcionando leña para el maguey. Ahí comienza una dependencia: si yo dependo de alguien que me venda la leña, me puede subir el precio. Dependo de él. Si hay escasez, dependo de él.

En algunos lugares han mantenido sus recursos naturales, han establecido reglas para el manejo de sus bosques, para no sufrir por la leña. Producen mezcal y mantienen el equilibrio en sus redes de recursos naturales. En esos lugares trabajan para tener un producto mezcalero derivado del agave como especie fundamental, pero ligado a especies forestales, al arbolado. Con ellos estamos trabajando para tener esquemas de manejo forestal que permita tener buenas prácticas.

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En Chilapa de Álvarez, en Guerrero, hay organizaciones de productores de mezcal que buscan el cuidado de todos los recursos naturales de la región. (Foto: Arturo García / Cortesía MONGABAY)

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¿Cuál es su valoración sobre el manejo forestal comunitario en México?

Es una estrategia fundamental para desarrollar una política pública en la que el sector forestal sea un motor importante de la economía.

Es una herramienta para que el medio rural tenga mejores posibilidades de desarrollarse, particularmente de manera social, en paz y con ello tener mejores beneficios económicos de desarrollo y crecimiento. El manejo forestal comunitario es imprescindible, desde el punto de vista de una política pública seria en este país.

El asunto es que no se ha visto el manejo forestal comunitario como algo prioritario. Sí se ha buscado fortalecer las capacidades de los ejidos y comunidades para que puedan manejar sus bosques y obtener el bienestar de ellos. Pero, me parece, ha faltado el énfasis de que este modelo tiene importantes beneficios sociales.

El asunto es lograr un enfoque que tenga como centro de la discusión la mejora en la vida rural y de las familias que ahí habitan. Seguimos teniendo en este país un montón de operaciones forestales que culminan en que los dueños de los bosques venden su producción forestal en pie (los troncos, sin ningún trabajo de transformación); salvo algunos ejemplos muy importantes que han logrado desarrollar empresas forestales. No se ha dado la importancia al desarrollo de las capacidades comunitarias para asumir por completo la cadena productiva.

El acompañamiento a las comunidades ha sido limitado. En algunas épocas ha habido mucha asistencia técnica; incluso, vemos muchos aserraderos que se instalaron y ahora están abandonados. El esquema de acompañamiento al manejo forestal comunitario ha sido muy limitado, porque ha sido por proyectos y por algunos meses. No son proyectos de largo plazo.

Las comunidades deben asumir el proceso completo: desde el control de su territorio, pasando por el manejo de sus bosques, por implementar técnicas y modelos adecuados en materia silvícola, incluso genética, y finalmente la transformación y la comercialización.

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Arturo García (con chaleco rojo) con silvicultores en un aserradero, durante una evaluación para la certificación de buen manejo forestal FSC. (Foto: Arturo García / Cortesía MONGABAY)

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¿Cómo se logra una empresa forestal comunitaria?

Primero tiene que existir una decisión local basada en información. Hay que tener toda una estrategia para acompañar el fortalecimiento de las asambleas, las cuales son autoridades máximas, y me parece que durante décadas hemos abandonado este fortalecimiento.

A lo mejor antes no lo hacíamos de manera correcta y tampoco se logró cuajar el modelo, pero existían instituciones que se dedicaban a esto. En realidad desapareció toda la estructura de asistencia que se tenía. Está faltando el acompañamiento suficiente para que las asambleas puedan tomar decisiones adecuadas en términos de asumir su manejo hasta las últimas consecuencias.

¿Por qué las comunidades necesitan acompañamiento? Porque en las comunidades van cambiando las autoridades cada cierto tiempo. Cuando los ejidos son pequeños, pues casi todos han sido autoridades y la experiencia se mantiene, pero en muchos casos quienes llegan a ocupar un cargo no han pasado por un proceso de aprendizaje.

Faltan incentivos que permitan que la gente se emocione, se entusiasme y logre los resultados adecuados, políticas especiales enfocadas al desarrollo de nichos. Así que se necesita decisión comunitaria, fortalecimiento de asambleas, acompañamiento social y técnico.

“Los bosques pueden ser un factor de desarrollo en México”
En Guerrero diversas comunidades han desarrollado el manejo forestal comunitario; no todas han logrado mantener sus empresas forestales. (Foto: Arturo García / Cortesía MONGABAY)

En su experiencia, ¿cuáles son los retos a superar para el manejo forestal comunitario?

Hoy los retos son más complejos que hace años. Hoy está la delincuencia que, para poder establecerse en alguna zona, requiere controlar a la gente de las serranías. Eso no se vivía hace 30 años. En Guerrero, por ejemplo, sí había (siembra de) amapola, pero (la delincuencia) no controlaba el territorio. Hoy, lamentablemente, las decisiones territoriales están siendo cooptadas por el crimen.

Por otro lado, está la falta de apoyo al fortalecimiento de las decisiones comunitarias. Tenemos ejemplos fundamentales en donde el manejo comunitario, el bien común y las necesidades colectivas han sido lo que ha mantenido a flote a muchas comunidades forestales en México. Esto lo hemos dejado de apoyar. Los bosques pueden ser un factor de desarrollo en México, pero esta posibilidad se está perdiendo.

Ese es uno de los retos: cómo lograr tener una política pública que mande un mensaje decidido de que lo colectivo no es malo. Falta reforzar el trabajo de colectividad y de bien común. Hay que apoyar e incentivar, porque, por ejemplo, hoy se pueden vender parcelas ejidales y derechos ejidales, estas prácticas lo que hacen es romper la colectividad, porque gente externa compra derechos agrarios; compradores de madera se adueñan de las asambleas y rompen la colectividad de fondo.

Aunado a esto, tenemos una política pública hacia el medio rural que está sectorizada, el campo se apoya de diferentes maneras. Necesitamos una política rural encaminada a una visión integral.

¿Hacia dónde va el modelo del manejo forestal sustentable?

Lo que tenemos que hacer es fortalecerlo más y buscar que todo mundo se sume a esta expectativa de mejores prácticas de manejo.

Por ejemplo, en el tema de la leña se tiene que hacer cambios en las normas, porque hoy toda la madera que se cosecha para fines de leña es ilegal. Estamos trabajando en un proyecto para impulsar una normatividad más amigable con los productores, que sea menos restrictiva.

Además, con otras organizaciones del país, lideradas por Estudios Rurales y Asesoría Campesina, hemos trabajado en un esquema de manejo forestal comunitario para fortalecer diversas capacidades. Con la Semarnat (Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales) y la Conafor (Comisión Nacional Forestal) hay planes de impulsar un proyecto piloto para mejorar nuestra visión de manejo forestal en varias regiones. Tenemos como premisa que las superficies forestales manejadas no se van a perder.