nueva Ley General de Ciencia
A new General Science Act must be approved in Mexico, but researchers ask that the search for knowledge not be limited. (Photo: iStock)

La aprobación de la Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) es una tarea que el legislativo federal deberá realizar antes de que concluya este año, para cumplir con los artículos transitorios de la reforma al artículo 3 de la Constitución Mexicana.

Pero, a cuatro meses de la “fecha fatal”, la propuesta de ley en la que trabaja el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) aun se desconoce.

Esto ha generado incertidumbre entre la comunidad científica del país, quienes acusan de no incluirlos –de manera activa– en la redacción del documento.

¿Qué buscan? Que no sea una ley centralista, que no se limiten las líneas de investigación y que el ejercicio de los recursos trascienda a los años fiscales.

nueva Ley General de Ciencia

Preocupaciones reales

En las recientes reformas al artículo 3 de la Constitución, se incluyó el derecho que posee toda persona a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia, así como a la innovación tecnológica, por lo que el Estado tiene la responsabilidad de apoyar la investigación en estos campos y garantizar acceso total a la información científica que se desarrolle en las investigaciones.

De ahí la necesidad de contar con una Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) y con ello derogar la Ley federal de Ciencia y Tecnología vigente desde 2002.

En 2019, se comenzó a trabajar en ella y se realizaron distintos foros de discusión para conocer las inquietudes de la comunidad científica, sin embargo, los trabajos fueron pausados por la crisis sanitaria derivada del virus SARS-CoV-2.

Así que, hasta ahora, se desconoce el anteproyecto o proyecto que las autoridades federales presentarán para que se discuta en el Senado de la República.

“Nadie que yo conozca dentro de la comunidad científica -y eso incluye academia y sociedades-, ha visto siquiera una propuesta de los que serían elementos rectores”, lamentó en entrevista el doctor David Romero, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y miembro de la red ProCienciaMx.

“Insistimos en la necesidad de un Parlamento Abierto. Ninguna ley debería pasar sin que escuche las opiniones. No es un asunto de mayorías”, argumentó.

La incertidumbre y temor de que la propuesta que se discuta incluya aspectos que signifiquen un retroceso en la materia no es en vano.

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Vía e-mail

En febrero de 2019, la senadora por Morena, Ana Lilia Rivera, presentó una iniciativa para la creación de la Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías la cual se impulsaba la transformación del Conacyt en un Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías.

Se trataba de un documento que no solo centralizaba la investigación científica del país, sino que limitaba los campos en los que se podría desarrollar.

“Hay que reconocer que México es un país federal y en ese sentido tiene que darle entrada no solo al gobierno central, sino también a los estatales y municipales para poder hacer un desarrollo uniforme y equilibrado de la ciencia en el país, además de que debe incluir la participación de los propios científicos que son quienes hacen la tarea”, agregó Romero.

“Desde mi punto de vista, debería ser una gobernanza distribuida, en la cual se escuchan las voces de los sectores involucrados y se trata de desarrollar una política equilibrada”.

Por su parte, la UNAM ha atendido los llamados por parte de las autoridades federales, en este caso del Conacyt, para dar opinión y sugerencia de temas y aspectos que la Ley General de Ciencia debe de incluir, pero hay incertidumbre sobre cómo es que estas propuestas se incluirán en el documento final.

“La UNAM ha emitido opiniones que deberían estar en la ley, y no nada más como una discusión dentro de la UNAM, sino resultado de análisis muy amplios con muchas universidades y sectores empezando desde el documento que se preparó hace dos años y que se entregó, en su momento, al entonces presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en agosto de 2018. (Pero) no se ha tenido una retroalimentación. Conacyt ha mencionado que ha recibido un cierto número de propuestas en sus plataformas, pero no se ha dicho de qué manera se van a incorporar”, expuso en entrevista William Lee Alardín, coordinador de la Investigación Científica de la UNAM.

Recientemente -coincidieron ambos investigadores- han sabido de consultas que el Conacyt ha hecho vía correo electrónico a algunos miembros de la comunidad científica, sin embargo, la duda de cómo se cómo se incorporarán a la discusión y al documento permanece.

La investigación no debe estar acotada

La ciencia no se restringe, atraviesa y afecta a toda la sociedad. Así que la posibilidad de limitar o acotar sus líneas de investigación es una de las mayores preocupaciones de la comunidad de  investigadores en México.

Por ello, en la Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) lo más importante es que se dé cabida a la libertad de investigación, a la libertad de cátedra, de pensamiento y a un intercambio completamente libre de todas las propuestas.

“La investigación no debe estar acotada. Ya si encuentras que algo representa un riesgo, pues ya puedes limitar las aplicaciones de ese conocimiento”, destacó Lee Alardín.

En la propuesta socializada en febrero de 2019 por parte de la senadora Ana Lilia Rivera -misma que fue retirada- se entendía que algunas investigaciones podrían representar un riesgo.

“Pero uno no sabe, a priori, qué representa un riesgo y qué no. Si no sabes de qué se trata”, dijo el coordinador de la Investigación Científica de la UNAM.

Además, si se limitan las líneas de investigación, lo más probable es que se pierdan conocimientos, porque no se sabe en qué área se puede desarrollar una herramienta que servirá en otra.

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Tiro en el pie

“Las técnicas que se están utilizando para diagnosticar la Covid-19, con imagen de scanner de pulmones -cuando te hacen una tomografía-, son las mismas técnicas que se usan para el reconocimiento de patrones en astronomía y geografía. Entonces, si limitas y dices que no vas a financiar matemáticas o astronomía porque es muy abstracto y nadie lo va a usar, pues te estás dando un tiro en el pie, porque las técnicas que desarrollas para eso te podrían servir para otra cosa”, recalcó el investigador universitario.

Paralelamente, atendiendo al derecho constitucional de acceso al conocimiento científico, toda disposición que se incluya en la nueva ley debe estar acoplada a la política de educación, pues “no se puede pretender que el conocimiento le sirva a la población si éste está desconectado de la ellos”, dijo Lee Alardín.

Susana Lizano, presidenta de la Academia Mexicana de Ciencia (AMC), reprobó la posibilidad de acotar o delimitar los campos de investigación científica.

“Sería muy malo para la ciencia tener censura, eso no es correcto (…) la persecución del conocimiento no se debe limitar, si se limita estamos condenados a ser el caballo de vapor perfecto y quedarnos sin los viajes de avión, sin celulares, sin todo lo que corresponde a la vida moderna”, puntualizó.

Gobierno y sociedad deben reconocer que la generación de conocimiento y su aplicación son estratégicos para el desarrollo del país tanto en el ámbito social, como en el económico y de bienestar.

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Suficiencia presupuestal

Por décadas, en México no se invierte más del .5% del Producto Interno Bruto (PIB) en ciencia, esto aunque la Ley federal de Ciencia y Tecnología -aún vigente- dispone que anualmente se debe invertir el 1%.

En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el promedio es el 2.4% de su PIB.

Ante este escenario, la comunidad científica también se pronuncia para que el desarrollo del conocimiento y de la investigación científica sea planeado a largo tiempo y no se rija con base en los años fiscales ya que esto limita su continuidad.

“Tienes que desligar, tratar de desacoplar el horizonte del desarrollo y la planeación científica de los ciclos de gobierno. Ésta es una responsabilidad de Estado, no de gobierno. Tiene que ser transadministración”, propuso el coordinador de la Investigación Científica de la UNAM.

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La lucha contra la ignorancia

México es una de las 10 economías más grandes del mundo, pero no cuenta con proyectos de infraestructura científica acorde a su posición global y a su dimensión territorial.

Por ello, la Academia Mexicana de Ciencia (AMC), subrayó que proyectos de infraestructura científica de gran envergadura pueden y deben servir como catalizadores para la generación de polos de desarrollo geográficos y temáticos.

“Estos fomentan las vocaciones científicas y tecnológicas, generando impacto social y derrama económica secundaria. Además, contribuyen a la formación de personal capacitado, aprovechando y desarrollando las capacidades establecidas y la proyección nacional e internacional de México”, expone la AMC en la propuesta de puntos índice que la Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) deben contener.

En entrevista para Tec Review, la titular de la AMC, la doctora Susana Lizano, sostuvo que la apropiación de la ciencia contribuye “a la lucha contra la ignorancia y a crear un pensamiento independiente, a evitar la servidumbre y los fanatismos y prejuicios”.

Tiempo suficiente

Al igual que la Red ProCienciaMx y la UNAM, la Academia Mexicana de Ciencia ha enviado al Conacyt sus propuestas y líneas generales sobre lo que debe ser la Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación, pero a la fecha tampoco han tenido retroalimentación.

Por separado, la doctora Julia Tagüeña, investigadora y ex coordinadora del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT), celebró que ha habido muchas reuniones – convocadas por iniciativa de la comunidad científica- y confió en que cuando Conacyt lo dé a conocer, los legisladores se darán tiempo para que la comunidad científica opine y comente el texto.

“Lo primero que debemos asegurarnos es que tiene el formato adecuado para ser una ley general, y por supuesto, lo que yo esperaría es que se cree un sistema amplio, diverso y rico en posibilidades que permita escuchar todas las voces de la comunidad de ciencia y tecnología e innovación, dentro de un marco de libertad de investigación con responsabilidad social”, compartió la investigadora.

1 COMENTARIO

  1. Es buena la propuesta de convocar a los actores principales y los no tan principales; con ello, tanto la Ciencia y la Tecnología, centralizada en las ciudades grandes, así como la que se genera en las ciudades o polos de desarrollo no tan poblados, puedan tener una importante oportunidad de incidir en las políticas públicas que tienen que ver con sus propias temáticas.

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