Lo que viviste como niño pudo cambiar tu ADN para siempre
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A menudo se habla del ADN (ácido desoxirribonucleico) como si fuera un código inmutable. Sin embargo, cuanto más aprendemos sobre genética más seguros estamos de que ese no es el caso.

Así lo ratificó una investigación realizada por un grupo de científicos de la Universidad del Noroeste​​ (Northwestern University), ubicada en el estado de Illinois, Estados Unidos, la cual ayudó a los expertos a entender mejor el impacto que tienen las experiencias que se viven durante la niñez —como la ausencia de un padre o la cantidad de excremento animal a la que se estuvo expuesto— en el ADN de un ser humano adulto.

El resultado: si nos exponemos a ciertos eventos en la infancia, el riesgo de padecer enfermedades en nuestra etapa adulta que van desde el cáncer hasta la demencia aumentan.

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Este campo es conocido como epigenética, es decir, el estudio de los factores que, sin corresponder a elementos de la genética clásica (básicamente los genes), pueden generar cambios en la expresión génica, más no en la secuencia de ADN subyacente.

De ahí su nombre, ya que la palabra “epigenética” significa, literalmente, “encima de” la genética. El estudio realizado en la Universidad del Noroeste​​ es una de las miradas más cercanas y completas de los mecanismos detrás de los cambios epigenéticos.

 

“Estos hallazgos nos animan a reconsiderar la visión común de que los genes son un ‘modelo’ para el cuerpo humano, que son estáticos o fijos”, dijo Thomas McDade, profesor de antropología y principal autor del investigación.

Su estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó enormes cantidades de datos sobre las vidas de casi 500 niños de Filipinas. Así llegó a la conclusión de que incluso el medio ambiente y la situación socioeconómica de una familia puede modificar diferentes expresiones de genes en un niño, principalmente los asociados con la inflamación, un importante factor de riesgo para múltiples enfermedades.

Otros eventos que pueden influir incluyen cuánto tiempo fue amamantado un individuo y la estación del año en la que nació, por mencionar algunos ejemplos.

“Si conceptualizamos el genoma humano como un sustrato dinámico que encarna la información del entorno para alterar su estructura y función, podemos ir más allá de las metáforas simplistas (…) que no hacen justicia a la complejidad del desarrollo humano”, destacó McDade.

Si quieres consultar la investigació completa, da click aquí.

Manipulación genética del ADN humano: ¿a favor o en contra?

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