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Científicos en Estados Unidos y Europa detectaron por primera vez ondas gravitacionales generadas por la colisión de dos estrellas muertas o estrellas de neutrones. Fusiones que explican el origen del anillo en tu dedo y de los componentes clave de tu teléfono celular.

Estas colisiones, según lo informado por más de 1,000 científicos en múltiples estudios publicados en las revistas Science y Nature, propiciaron la producción del oro y platino que existe en el universo.

Los observatorios LIGO en Estados Unidos y Virgo en Italia detectaron el 17 de agosto estas ondas gravitacionales —fluctuaciones en el espacio tiempo predichas por Albert Einstein hace más de un siglo— generadas por este evento. Un evento astronómico situado a 130 millones de años luz de la Tierra.

La primera imagen óptica de una fuente de onda gravitacional. Foto: UCSC Ryan Foley.

Tras rastrear los primeros signos, los investigadores alertaron a otros telescopios alrededor del mundo, que también capturaron los detalles de la fusión.

“Este era (el evento) que todos estábamos esperando”, señaló David Reitze, director ejecutivo de LIGO.

El aviso permitió que 70 telescopios obtuvieran las primeras imágenes detalladas de semejante fenómeno. Estas muestran una explosión mil veces más poderosa que la de una supernova. A esta explosión se le llama kilonova.

Las observaciones ópticas muestran que elementos pesados como el plomo y el oro se crean en estas colisiones y se distribuyen por todo el universo.

“La detección de la emisión de kilonova abre una vía para comprender el enriquecimiento químico cósmico fruto de los elementos pesados y también para conocer las fases finales de la evolución estelar”, subraya Elena Pian, investigadora del Instituto Nacional de Astrofísica de Bolonia (Italia), que ha participado en el hallazgo.

Los ingenieros instalan un prototipo de los telescopios BlackGEM en el Observatorio Astronómico de Sutherland.


La era de los multimensajeros

La detección simultánea de las diferentes señales que nos han llegado de la colisión, tanto las ondas gravitacionales como las electromagnéticas –lo que los físicos llaman mensajeros–, inaugura una nueva era en la astrofísica.

Así lo expresa Stefano Covino, que también ha colaborado en el descubrimiento. “Se abre un abanico nuevo de posibilidades para que los investigadores de hoy estudien el universo”, sostiene este investigador del Instituto Nacional de Astrofísica de Merate (Italia).

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