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El trastorno del espectro autista (TEA), mejor conocido como autismo, es una una enfermedad neurológica que  inicia en la etapa de la niñez, pero dura toda la vida. En la actualidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 160 niños padece esta enfermedad, pero ¿cómo detectarlo?, ¿ayuda hacerlo desde la etapa temprana?

El Dr. Pedro González Moreno, especialista en Neurología Pedriátrica del Hospital San José de Tec Salud explica la importancia de detectar las primeras señales de esta enfermedad y cómo hacerlo.

El autismo afecta el comportamiento de las personas que lo padecen, pues no pueden comunicarse o aprender de forma normal. Especialistas han llegado a la conclusión de que algunos de los factores de riesgo de padecer esta enfermedad tiene que ver con la genética y el medio ambiente.

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Para descartar los factores genéticos los especialistas analizan el historial médico de los padres así como la posible exposición de la madre a químicos y la edad en la que se desarrolló el embarazo para descartar la falta de ácido fólico, hierro y otros nutrientes esenciales para el feto.

Algunas de las primeras señales del autismo se presentan en los primeros meses de vida de los bebés. Por ejemplo, a los 12 meses, un niño sin autismo suele responder a su nombre, mientras que un niño con la enfermedad no puede mantener contacto visual ni voltear al escuchar su nombre.

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Otra señal podría ser que, a la edad de 18 meses, un niño con autismo al observar la televisión repita lo que escucha en ésta o lo que dicen sus padres, ya que no tiene desarrollado un lenguaje propio

Actualmente, no existe ningún estudio o análisis que detecte el autismo, por lo que principalmente depende de que los padres observen posibles conductas anormales en sus hijos para, posteriormente, realizar un diagnóstico y con ello mejorar la calidad de vida de los pequeños.

La importancia de la detección temprana

Cuando los padres identifican a tiempo señales como la falta de contacto físico, falta de atención, retraso en el desarrollo motriz, aislamiento social, hiperactividad, agresividad y sensibilidad a los ruidos en los primeros seis a nueve meses de nacimiento de su hijo es posible realizar terapias de lenguaje, conductuales y psicológicas.

En algunos casos las terapias conductuales pueden ayudar a las personas con autismo a desarrollarse en un entorno social normal por lo que es importante encontrar el tratamiento adecuado para cada caso de autismo.

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CON INFORMACIÓN DE HOSPITAL SAN JOSÉ TEC SALUD 

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